El ministerio de los ancianos
Capítulo 11
Algunas iglesias son gobernadas por un solo hombre (el pastor, el papa, o el arzobispo). De hecho, tales iglesias podrían ser encasilladas como buenas “dictaduras.” Otras iglesias son controladas por la autoridad final del voto congregacional. A éstas podríamos referirnos como “democracias.” Finalmente, muchas iglesias operan bajo la guía de un conjunto de ancianos. Ya anteriormente se argumentó en este libro que lo ideal es un gobierno de la iglesia por consenso. Si este es realmente el caso, entonces ¿por qué son necesarios los ancianos en la iglesia?
La ventaja de tener ancianos
Durante la batalla de Midway (en la Segund a Guerra Mundial), un solo escuadrón aéreo americano descubrió y atacó con torpedo a la flota japonesa. Trágicamente, el escuadrón atacó sin tener una escolta de combate, lo que demostró ser un acto suicida. Solo uno de los pilotos sobrevivió. Los ancianos son para la iglesia lo que una escolta de combate era para los bombarderos: protección. En el caso de la iglesia, los ancianos ofrecen protección en contra de los salvajes lobos vestidos con pieles de ovejas. También proveen dirección, enseñanza, ayudan a la iglesia a alcanzar el consenso y a crecer en madurez.
Con respecto a los falsos maestros, los ancianos deben “refutar” a aquellos que se oponen a la sana doctrina (Ti. 1.9), pero aún esto debe hacerse siguiendo el control y el proceso equilibrado de Mt. 18.15-35 (disciplina cristiana). Los ancianos no deben ser responsables de “enseñorearse sobre aquellos que se les confía” a su cuidado, y en su lugar, deben ser “ejemplos para el rebaño” (1 Pe. 5.3). Tener un conjunto de ancianos (con el mismo nivel de autoridad) también previene de que se levanten modernos Diótrefes (3 Jn. 9-10). Sin embargo, a pesar de los mejores esfuerzos de la iglesia, tenemos que ser conscientes que “aún de en medio de tu congregación, se levantarán hombres para distorsionar la verdad a fin de apartar discípulos que los sigan a ellos. Así que ¡mantente alerta!” (Hch. 20.30-31).
Queda claro, basándonos en textos tales como Hch. 20.25-31, Tit. 1.9, Ef. 4.11-13, 1 Ti. 1.3, 3.4-5, 5.17, 6.20, 2 Ti. 1.13-14, 2.2, 15, 3.16-17, 4.2-4, Tit. 1.9, 13, 2.15, He. 13.17, que la función de los líderes debe ser de servir a la iglesia. Los líderes deben guardar y proteger contra los falsos maestros, deben entrenar a otros líderes en la tradición apostólica, deben ser ejemplo, deben guardar la verdad, deben combatir a los lobos, y deben ayudar a alcanzar el consenso, etc. En suma, los líderes de la iglesia son hombres de carácter maduro que supervisan, enseñan, protegen, equipan y animan a la iglesia. Y cada cierto tiempo necesitan hacer un llamado a la iglesia para que se “someta” a su liderazgo (He. 13.17).
Aunque Timoteo y Tito eran técnicamente obreros apostólicos, claramente funcionaron como ancianos hasta que se designaron ancianos locales. Es así que se esperaba que los ancianos elegidos hicieran el mismo tipo de cosas que los obreros apostólicos hicieron, localmente hablando (1 Ti. 1.3, 4.11, 5.17, 6.17, Tit 1.12-13, 2.15, 3.10). Queda claro entonces que es apropiado que los ancianos, ejerciendo su liderazgo, reprueben, hablen, enseñen y guíen con autoridad. Los ancianos deben “gobernar bien” y “supervisar” las iglesias, tomando la iniciativa de motivar y proteger. Lo más probable es que como creyentes maduros, su entendimiento de lo que constituye un comportamiento y una doctrina verdadera o errada sea el correcto. Frecuentemente serán ellos los primeros que de manera natural detectarán y lidiarán con los problemas. Sin embargo, si aquellos a quienes ellos confrontan se rehúsan a escuchar, la única alternativa que tiene el anciano es de presentar el caso ante toda la iglesia, de acuerdo con el procedimiento de Mateo 18. En última instancia, la autoridad todavía reside en la iglesia en su conjunto.
Existe un equilibrio delicado a alcanzar entre el rol de liderazgo de los ancianos y las responsabilidades tipo ecclesia de la iglesia en su conjunto. Te alejas demasiado en una sola dirección y estableces un papado. Y si te alejas demasiado en la otra dirección tendrás un barco sin timón. En esencia, ambos argumentos para el liderazgo de los ancianos y la responsabilidad de toda la iglesia en su conjunto son válidos. Ambos necesitan ser enfatizados. En una mano, tienes a los ancianos que gobiernan con el ejemplo, guiando con la enseñanza y moderando la discusión de la asamblea. En la otra, tienes al rebaño. Ellos pueden hacer lo que quieran pero se les exhorta a seguir a sus líderes y a dejarse persuadir por los argumentos de éstos. Las palabras de los ancianos tienen peso únicamente hasta donde las personas lo concedan. Y merecen ser honrados debido a la posición que Dios les ha dado. Esta idea es similar a la manera en que los ancianos eran respetados en los pueblos israelitas del Antiguo Testamento. Ellos no tenían ninguna autoridad o poder en sí mismos, pero si recibían gran cantidad de respeto. No escuchar la sabiduría de un anciano era equivalente a llamarse a uno mismo necio y rebelde.
Los ancianos guiaban el consenso
Todos estamos de acuerdo en que el Señor Jesús es la cabeza de la iglesia (Col. 1.15-20). De esta manera la iglesia es al fin de cuentas una dictadura (o teocracia) regida por Cristo a través de Su palabra escrita y de la influencia del Espíritu Santo (Jn. 14.25-27; 16.12-15; Hch. 2.42; Ef. 2.19-22; 1 Ti. 3.14-15). Y una vez que desde la cabeza seguimos la fluidez del cuadro organizacional, ¿hacia dónde se dirige la línea de autoridad?
En Hch. 20.17 hablando Pablo a los “ancianos” de la iglesia de Efeso, dijo: “Tengan cuidado de sí mismos y de todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha puesto como obispos para pastorear la iglesia de Dios, que El adquirió con Su propia sangre” (20.28). La presencia de los términos “obispos” y “pastores” sugiere en los ancianos la posición de supervisores. Cuando Pablo le escribió a Timoteo acerca de los requisitos para un anciano, dijo: “porque el que no sabe gobernar su propia familia, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?” (1 Ti. 3.5). Nuevamente esto implica en los ancianos un rol gerencial. Pablo les pidió a los ancianos que “cuiden como pastores el rebaño de Dios que está bajo su cargo” (1 Pe. 5.2); una vez más se presenta a los ancianos en un rol de liderazgo. 1 Ti. 5.17 se refiere a ancianos que “dirigen bien los asuntos de la iglesia.” 1 Te. 5.12 pide a los hermanos que respeten a aquellos que “los guían y amonestan en el Señor.” He. 13.7 ordena, “acuérdense de sus dirigentes.” Seguido de He.13.17 que dice, “Obedezcan a sus líderes y sométanse a ellos, pues cuidan de ustedes como quienes tienen que rendir cuentas.” Todo esto indica que tienen que existir “líderes” humanos en la iglesia. Frecuentemente se hace referencia a estos líderes como “ancianos” u “obispos.” (Un estudio de Hch. 20.17, 28-30; Tit. 1.5-7; y 1 Pe. 5.1-3 le mostrará el uso indistinto de las palabras anciano, obispo y pastor. Las tres se refieren al mismo oficio. Cualquier distinción moderna entre ellas es completamente artificial y sin garantía en las Escrituras.) Ahora, si las referencias arriba mencionadas con respecto al “gobernar” de los obispos son tomadas de forma aislada, podrían fácilmente llevar a una visión equivocada de la forma en que un anciano debería actuar. Hay más en la ecuación. Considere los pasos para la disciplina en la iglesia de acuerdo con Mt. 18.15-17, ya que se relacionan con el proceso de tomar decisiones en la iglesia (también vea 1 Co. 5.1-5; Ga. 6.1). Note que al parecer toda la iglesia está involucrada en la decisión de ejercer disciplina. Note también que los líderes no son señalados de manera especial para revisar los casos antes de que éstos se hagan públicos a la congregación, ni tampoco son los encargados de ejercer la disciplina. Es una decisión comunitaria.
Este proceso comunitario también es vislumbrado en Hch. 1.15-26. El apóstol Pedro colocó la carga de encontrar un reemplazo para Judas sobre toda la iglesia. En Hch. 6.1-6, los apóstoles se reunieron con toda la “comunidad de discípulos” (6.2) para pedirles que escogieran administradores de los bienes de la iglesia. Ambos ejemplos apuntan a un involucramiento congregacional. Pablo escribió a “todos” (1.7) los santos en Roma, y no hizo ninguna mención especial de los ancianos. Las epístolas a los corintios fueron dirigidas a toda la “iglesia” (1 Co. 1.2 y 2 Co. 1.1). Nuevamente vemos que no hubo un énfasis en los obispos. El saludo en Ga. 1.2 se centra en las “iglesias” en Galacia. El mensaje no era primeramente filtrado a través de los líderes. Los “santos de Efeso” (1.1) fueron los receptores de aquella epístola. En Fil. 1.1 se les dio igual valor a los santos que a los obispos y diáconos. En Col. 1.2 el saludo estaba dirigido “a los santos y fieles hermanos en Cristo.” Todo esto implica que los mismos ancianos eran también ovejas. Los ancianos eran una división de la iglesia en su conjunto. No había una distinción clero/laico.
Esta falta de énfasis en el liderazgo también es vista en 1 Te. 1.1; 2 Te. 1.1; Stg. 1.1; 1 Pe. 1.1; 2 Pe. 1.1; 1 Jn. 2.1, 7, y Judas 1.1. De hecho, el libro de Hebreos fue escrito a un sub-grupo de creyentes y no fue sino hasta el último capítulo que el autor les pidió “saluden a todos sus dirigentes” (13.24). ¡Ni siquiera saludó a los líderes de manera personal! En Heb. 13.17, se les anima a los creyentes a “obedecer” a sus líderes. Es interesante que la palabra griega usada para “obedecer” no sea la palabra común usada en el griego para “obedecer.” En su lugar se usa la palabra peitho, la cual significa literalmente “persuadir” o “convencer.” Es por esto que He 13.17 debería ser interpretado como “sean persuadidos por.” Este mismo versículo también instruye a los creyentes a “someterse” a la autoridad de sus líderes en la iglesia. De la misma forma que sucede con “obedecer,” no se usa la palabra común en el griego para “obedecer.” En su lugar, el autor escogió usar hupeiko, una palabra que significa “ceder, rendirse” después de una batalla. Era usada por los combatientes. La idea detrás de hupeiko es vista en la carta que el General del Sur, Robert E. Lee, dirigió a sus tropas haciendo referencia a su rendición en Appomadox: “Después de cuatro años de arduo servicio, sellados por un insuperable valor y fortaleza, el ejército de Virginia del Norte ha sido obligado a rendirse ante números y recursos abrumadores.”
Es de esta manera que el rebaño de Dios debe estar abierto a ser “persuadido por” (peitho) sus pastores. En el curso de discusiones abiertas y de enseñanzas, el rebaño debe ser “convencido por” (peitho) sus líderes. Una obediencia sin sentido tipo-esclavos no es el tipo de relación que existía entre los ancianos y la iglesia del NT. Queda claro que habrán momentos en que algunos del rebaño no serán persuadidos por completo, y se suscitará un impase. Cuando esto suceda, la congregación debe “ceder, rendirse” (hupeiko) ante la sabiduría de sus líderes.
Mucho se puede obtener de la forma en que los escritores del NT se dirigieron directamente a toda la iglesia. Ellos fueron a grandes longitudes para influenciar a creyentes ordinarios del tipo “soldados rasos.” Los apóstoles no soltaban órdenes simplemente, ni solucionaban entredichos (tal como lo haría un comando militar). Por el contrario, trataban a los demás creyentes como iguales y como tal, apelaban directamente a ellos. No hay duda de que los líderes de la iglesia local por lo general dirigían de la misma manera. Su autoridad principal descansaba en su habilidad para influenciar. El respeto que se les tenía había sido ganado honestamente. Era lo opuesto de la autoridad militar donde los soldados respetan el rango más no necesariamente al hombre.
He. 13.7 refleja el hecho de que el “estilo” de liderazgo empleado por los líderes de la iglesia es primordialmente el guiado por el ejemplo: “Acuérdense de sus dirigentes… Consideren cuál fue el resultado de su estilo de vida, e imiten su fe.” Junto a este misma línea, 1 Te. 5.12-13 revela que los líderes deben de ser respetados, no debido a su autoridad de rango inferido – “Ténganlos en alta estima, y ámenlos por el trabajo que hacen.” Jesús dijo, “Como ustedes saben, los gobernantes de las naciones oprimen a los súbditos, y los altos oficiales abusan de su autoridad. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor” (Mt. 20:25-28).
Como lo señalamos en un capítulo anterior, la palabra “iglesia” en el NT es usada para referirse a la iglesia universal, iglesias a nivel de una ciudad, e iglesias en casas. Ninguna iglesia organizada es más grande que una ciudad, y no tiene jurisdicción o autoridad oficial sobre ninguna otra iglesia (aunque exista una cooperación y asistencia entre iglesias, que se da de manera natural). Es ideal que cada iglesia sea dirigida por un conjunto de líderes. Cada anciano tiene la misma autoridad que los demás ancianos (no hay un pastor “titular”). Su autoridad principal está basada en su habilidad para persuadir con la verdad. Debiendo guiar con el ejemplo, no “enseñoreándose” de la iglesia. De esta manera, la política de la iglesia es un proceso dinámico de interacción, persuasión, y de tiempo correcto entre los pastores y las ovejas.
La elección de los ancianos
¿Cómo deben ser elegidos los ancianos? Pablo requería que todos los obispos en potencia cumplieran con una larga lista de requisitos (1 Ti. 3.1-7; Tit. 1.5-9). Obviamente es el trabajo del Espíritu Santo el que un hombre esté dispuesto y sea capaz de ser un anciano (Hch. 20.28). Una vez que estos pre-requisitos son alcanzados, el candidato a anciano puede ser elegido. En Hch. 14.23, Pablo y Bernabé fueron quienes aparentemente hicieron la elección, y Pablo dejó a Tito en Creta para que eligiera ancianos (Tit 1.5). Pero tal como lo observó Nee, “ellos simplemente establecieron como ancianos a aquellos a quienes el Espíritu Santo ya había hecho obispos en la iglesia” (The Normal Christian Church Life, [La vida normal de la iglesia cristiana] p. 41). Después que los apóstoles (misioneros/plantadores de iglesias) elegían a los ancianos y seguían adelante, había un silencio virtual con respecto a cuán subsecuentes fueron o a cuánto merecían ser elegidos. Operando desde el principio en Hch. 1.15-26 & 6.1-6, uno puede ser guiado a concluir que los ancianos exitosos eran elegidos por toda la congregación (siguiendo los requisitos establecidos en 1 Ti. 3.1-7), bajo el liderazgo de los ancianos existentes y bajo el consejo de cualquiera de los apóstoles que hubieran ganado el derecho de ser escuchado por la congregación local.
El Presbiterio
¿Se supone que debe haber un anciano por iglesia, varios ancianos por iglesia o varias iglesias por anciano? En Hch. 14.23, Pablo y Bernabé “nombraron ancianos en cada iglesia.” La evidencia bíblica parece sustentar una diversidad de ancianos en cada iglesia. Sin embargo, se crea un poco de confusión sobre el patrón del NT de tener una diversidad de ancianos por iglesia ya que desde la perspectiva del NT, técnicamente solo hay ¡una iglesia por ciudad! Por ejemplo, Hch. 8.1 menciona “la iglesia de Jerusalén,” Pablo escribió “a la iglesia de Dios que está en Corintio” (1 Co. 1.2) y “a la iglesia de los tesalonicenses” (1 Te. 1.1). Jesús le pidió a Juan que escriba a “la” iglesia en Efeso, a “la” iglesia en Esmirna, a “la” iglesia en Pérgamo, etc. (Ap. 2.1, 8, 12, 18; 3.1, 7, 14). Es así que, hablando bíblicamente, solo hay una iglesia en Atlanta, una en Londres, una en Moscú, etc.
Cuando se refiere a grandes áreas geográficas, la Biblia usa la palabra “iglesia” en el plural. Por ejemplo, “y viajó por Siria y Cilicia, consolidando a las iglesias” (Hch. 15.41), “las iglesias de la provincia de Asia” (1 Co. 16.19), “las iglesias de Macedonia” (2 Co. 8.1), “las iglesias de Galacia” (Ga. 1.1), “las iglesias de Judea” (Ga. 1.22), etc. De esta manera vemos que en el NT no hay cosa semejante a una iglesia nacional, o a una iglesia regional. La única razón para la división entre iglesias es la ubicación geográfica. Claro está, que sí se hace mención a la iglesia universal (Ef. 1.22-23; 3.10, 21; 5.23-32; Col. 1.18) a la cual pertenecen todos los creyentes de todos los tiempos, pero la iglesia universal es invisible y espiritual, sin una organización universal en la tierra. Un estudio del NT nos revelará que, aunque todas las iglesias estaban unidas teniendo a Cristo como cabeza, no había una organización eclesiástica externa que las uniera. Aunque cooperaban voluntariamente unas con otras, cada iglesia era autónoma, teniendo un fuerte lazo interno, una unidad espiritual de vida en el Señor. Aunque eran independientes de un gobierno externo si dependían en responsabilidad las unas de las otras (vea 2 Co. 8-9). Así como hay una iglesia universal, hay una iglesia por ciudad. Así como la iglesia universal es una realidad abstracta sin una organización externa, así también la iglesia de la ciudad es una realidad abstracta, sin una organización externa.
Por esto, como una división de la sola iglesia en la ciudad, había numerosas iglesias que se reunían en diversas casas dentro de cada ciudad (Ro. 16.5; 1 Co. 16.19; Flm. 2; Col. 4.15). La relación entre las diversas iglesias en las casas es similar a la relación entre las diversas iglesias en la ciudad: todas están unidas teniendo a Cristo como Cabeza, pero sin una organización eclesiástica externa que las una. Todas deben cooperar juntas por una actitud de inter-dependencia, sin embargo, cada una permanece siendo autónoma.
Entonces, ¿la diversidad de ancianos sirvió a toda la iglesia de la ciudad? o ¿sólo a iglesias en casas individuales? Es claro según Fil. 1.1; 1 Ti. 4.14 & Tit. 1.5 que los ancianos trabajaban juntos, pero sería un error concluir que de manera corporativa estaban “sobre” múltiples iglesias como una clase de presbiterio gobernante, ya que la autoridad de cualquier anciano radica únicamente en su habilidad para persuadir con la verdad, y debido a que todo respeto que se le tenía era ganado mediante la interacción personal, no había manera alguna de que un presbiterio de ancianos pudiera ministrar “sobre” un grupo de iglesias. Lo ideal es que cada iglesia en casa debe tener su propio anciano(s). En aquellas situaciones transitorias en que nadie en la iglesia califica para ser un anciano, se puede buscar un liderazgo temporal en un apóstol respetado, en un anciano de alguna iglesia cercana, o en un pastor-maestro itinerante. El patrón del NT es que cada iglesia en casa sea guiada por un cuerpo de hermanos que son iguales (algunos de los cuales son ancianos), dependiendo unos de otros, que se rinden cuentas unos a otros, que se someten unos a otros, y viviendo un ministerio mutuo.
Conclusión
Harvey Bluedorn escribió un excelente resumen del ministerio de los ancianos, el cual tituló, “A Statement on Biblical Eldership and Authority in The Assembly, [Una declaración del obispado bíblico y de la autoridad en la Asamblea].”
1. El estándar del Nuevo Testamento – Así como el patrón de las cosas mostradas a Moisés, estableció los estándares para el tabernáculo [Ex. 25.9, 40; 26.30; 39.42, 43; Hch. 7.44; He. 8.5], y así como el patrón de cosas mostradas a David estableció los estándares para el templo [1 Cr. 28.11-13, 19), así también el patrón de las cosas mostradas en el Nuevo Testamento establece los estándares para la asamblea, el templo de Dios [1 Co. 3.9, 16, 17; 6.19, 20; 2 Co. 6.16; Ef. 2.21, 22; 4.13-16; 1 Ti. 3.15; 1 Pe. 2.5, 9; Ap. 1.6; 3.12; 5.10; 20.6].
2. Líderes siervos – Los líderes son una necesidad funcional para la asamblea. El Señor Jesús levanta hombres de entre los miembros del cuerpo, y los equipa para que alcancen los requerimientos establecidos. Es inevitable que estos emerjan de entre la membresía y se hagan evidentes en la asamblea, y la asamblea debe reconocer de manera formal el llamado del Señor en aquellos a quienes El ha dotado en verdad y ha calificado para que sirvan como guías, maestros, y como ejemplos para todo el cuerpo. Tales siervos son llamados ancianos y obispos, o pastores y maestros [Tit. 1.5; Ef. 4.11].
3. Conjunto de ancianos – Un número plural de ancianos emergerá ordinariamente de la membresía de una asamblea [Hch. 14.23], aunque en una asamblea recién formada puede ser que pase un tiempo antes que el Señor equipe y califique completamente a los ancianos [Lc. 12.42; 1 Co. 4.2; 1 Ti. 3.6, 10; 5.22; Tit. 1.5; He. 5.12, 13]. Entre los pastores-ancianos hay quienes de manera especial se esfuerzan en los discursos y en la enseñanza [Ef. 4.11; 1 Te. 5.12, 13; 1 Ti. 5.17].
4. Decisiones por acuerdo total – Las decisiones deben ser tomadas por el acuerdo pleno de la asamblea, representada por los hombres de la asamblea y bajo el consejo de sus siervos, los ancianos. Probablemente, los hombres pueden ponerse de acuerdo en delegar ciertas decisiones importantes a alguna persona, incluyendo los ancianos, pero siempre deben reservarse el derecho de tomar las decisiones por sí mismos, o de determinar la política para tales decisiones, y deben requerir un informe completo y la rendición de cuentas ante la asamblea, de aquellos a quienes delegan tales decisiones.
5. Los ancianos son siervos, no señores – La Palabra de Cristo gobierna en medio de Su pueblo por medio de Su Espíritu, a través de los corazones regenerados y de las mentes renovadas de los miembros de la asamblea llevándolos a un pleno acuerdo mutuo, a un acorde unánime, o a un consenso. Los ancianos guían por medio de la autoridad moral de un siervo que provee palabra y ejemplo, y que merece respeto por lo que da, no por lo que demanda. Los ancianos no gobiernan como autoridades independientes. Su rol es de consejo y supervisión, y no de autoridad señorial para ordenar y que sus reglas sean obedecidas. Los ancianos son instrumentos por medio de su liderazgo, de su enseñanza y de su ejemplo al traer consenso a la asamblea, pero toda la autoridad descansa únicamente en Cristo. Todos los miembros – incluyendo a los ancianos – se someten al Señor primeramente, luego se someten unos a otros en el Señor – incluyendo los ancianos, que se someten a los demás miembros, incluyendo a los demás ancianos. En otras palabras, no hay una cadena de comando – Dios, después Cristo, después los miembros – solamente hay una red de sumisión, y los ancianos tienen la mayor carga de sumisión y rendición de cuentas porque son siervos de la asamblea en su conjunto. Solo aquellos que se humillan a sí mismos al nivel de siervos ante el Señor y Su asamblea pueden llegar a este nivel de rendición de cuentas. Debido a la naturaleza del caso, aquellos que se exaltan a sí mismos a una posición de autoridad por sobre todos los demás, necesariamente han quedado descalificados para una posición de servicio.
6. Los santos son reyes y sacerdotes – Es una severa violación de la conciencia adulta el tratar a los santos como niños bajo el gobierno de los ancianos. El efecto que tendrá esto es que, o permanecen siendo niños en su entendimiento al someterse a esclavitud, o se rebelarán. Los ancianos ejercitan la autoridad apropiada como padres en sus propios hogares, pero su rol en la asamblea no es el de ser padres ni señores de los hijos y siervos, sino el de hermanos ancianos en la fe, y siervos humildes delante de los demás.
7. Una asamblea que delibera – La asamblea reunida es un cuerpo que delibera. Los hombres (adultos masculinos) en la asamblea son animados a interactuar de manera ordenada con la lectura, la exhortación, y la enseñanza en la asamblea, sin importar de que forma se asuma la interacción – como una lectura informativa, como una consideración bien pensada y la discusión de proposiciones de las Escrituras, como un debate lógico de los diferentes lados de una pregunta, o como la consulta de asuntos prácticos. Esta no es una reunión cualquiera de “cuando el espíritu guía,” tampoco es una reunión de “estilo familiar” de afirmaciones modeladas por las cabezas de familia, tampoco es una reunión “centrada en la adoración” de entretenimiento en vivo; sino un genuino proceso de aprendizaje de discipulado que edifica y lleva a toda la asamblea a la madurez en Cristo por medio de la interacción de los hombres de la asamblea.
8. Rendición de cuentas de cada congregación – Cada congregación constituye su propia comunión y es responsable delante del Señor de manera independiente, pero todas las congregaciones verdaderas existen dentro del mismo reino espiritual, dependen del mismo Señor, y cooperan entre sí tanto como las circunstancias lo permitan y requieran, ya sea en el nivel de personas individuales como en el nivel congregacional. No debe existir ningún celo que no venga de Dios entre creyentes hermanos, ni tampoco entre asambleas hermanas.”
— Steve Atkerson
Revisado 05/03/04
Traducido por Patricia Montenegr
