Niños en la Iglesia  

Capítulo 8

En una conferencia acerca de casas iglesia en Virginia, antes que empezara el panel de preguntas le susurré a un amigo que apostaba que la primera pregunta sería: “¿Cómo hacemos con los niños? Y así fue. En mi opinión, creo que esta es la pregunta número uno de aquellos que están pensando en los hogares iglesia. Es una tremenda piedra de tropiezo, pero no debería serlo. Este capítulo examinará tres cosas: primero, las filosofías o mentalidades discrepantes que las iglesias institucionales y las iglesias en casas tienen con respecto a los niños y la iglesia; segundo, problemas prácticos que surgen; y tercero, la ventaja que tienen los niños de las iglesias en hogares.

En un artículo que alguna vez escribí, hice la siguiente pregunta: “¿qué es lo que haces por los niños?” Me avergüenza decir que el primer borrador de aquel artículo decía: “¿qué es lo que haces con los niños?” Inconscientemente había sucumbido ante la filosofía o mentalidad de iglesia institucional: los niños son un problema, interfieren con el “culto” al todopoderoso, donde profesionales asalariados importantes vestidos con túnicas o trajes y corbatas dan discursos importantes, y donde oyentes santos, serios y callados se sientan casi inmóviles en las bancas. Es así la pregunta se convierte en, ¿qué es lo que hacemos con los niños mientras hacemos las cosas importantes en el “culto”?

Ni Jesús, ni los apóstoles, se preocuparon jamás sobre qué hacer con los niños. Jesús nunca jamás dijo: “Que los pequeños niños sufran en la guardería.” ¿Puedes imaginar a los niños siendo llevados a la Iglesia para Niños durante el Sermón del Monte?

Las Escrituras no nos dicen mucho acerca de cómo manejar a los niños cuando los creyentes se reúnen. Pero no me puedo imaginar a los creyentes de ese entonces, sin niños. Creo que no se ha dicho mucho al respecto porque los primeros cristianos no hicieron un gran problema de ello. Las iglesias eran en el hogar; las familias vivían en los hogares; los niños se reunían con la iglesia en el hogar.

Aunque la Biblia no nos dicen directamente nada con respecto a los niños y a las reuniones de creyentes, hay vislumbres. Por ejemplo, explícitamente se declara que los niños estuvieron presentes en la alimentación de los cinco mil y de los cuatro mil (Mt. 14:21, 15:38). En un viaje misionero, “todos los discípulos y sus esposas e hijos” acompañaron a los apóstoles que partían, y oraron con ellos en la playa (Hechos 21:5). Finalmente, cuando se leyó la carta de Pablo a los efesios, éste se dirigía directamente a los niños: “hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres” (Ef. 6:1) ¿Cómo podían los niños escuchar la exhortación leída en la iglesia a menos que estuvieran en la reunión de iglesia?

Y a pesar del silencio relativo de las Escrituras con respecto a los niños y la iglesia, yo puedo garantizar una cosa: no había ni Escuela Dominical ni Iglesia para Niños. Si las escuelas dominicales son anexos esenciales de la vida de iglesia, ¿por qué la Biblia calla en este tema? La Biblia, Su plan de edificación, es completa en cada detalle. ¿Hay algún cristiano que pudiera negar que la Biblia sea un plan perfecto? Interesantemente, ni siquiera hay un indicio de que hubiera escuelas dominicales en el plan de Dios.

Estas no fueron creadas para enseñar historias bíblicas o ética cristiana, sino que empezaron en el siglo diecinueve, en Inglaterra, para ofrecerles a los hijos de los obreros de las minas y de las fábricas la oportunidad de leer y escribir. ¿Quién tiene mayor responsabilidad de enseñar a los niños por encima de la escuela dominical? La familia. Creo que el argumento de la mayoría de iglesias en casa es que la familia continúa teniendo la máxima responsabilidad de enseñar y educar a los niños cristianos. Esa puede ser la razón por la cual la mayoría de las iglesias en casa (tal como la iglesia bíblica del NT) no tienen escuelas dominicales. Y esto realmente es una barrera para los cristianos que están pensando en dejar la iglesia institucional por la iglesia en casa. Es asombroso como muchos cristianos se preocupan por el bienestar espiritual de sus hijos al punto que los padres se envenenan a muerte con la religiosidad corrupta de algunas iglesias institucionales, en tanto que esta tenga un buen programa para jóvenes. Estoy convencido que muchas iglesias institucionales se han dado cuenta de ello y sacan provecho creando llamativos “ministerios juveniles”, con tal de no permitir que sus “diezmantes” se vayan (claro está, que también soy consciente que frecuentemente también hay otras motivaciones sinceras involucradas).

Aunque es el rol primordial de la familia el instruir a los niños en el Señor, eso no significa que la iglesia en casa no debe mostrar interés por su bienestar. Muy por el contrario. Si los niños ven a los padres de la iglesia como una molestia, entonces su tendencia será pensar que Jesús también lo es. Es por esta razón que debemos compartir acerca de formas prácticas en que la iglesia en casa haga saber a los niños que la iglesia les pertenece tanto a ellos como a sus padres.

Al considerar formas prácticas de integrar a los niños a la vida de las iglesias en casa, debemos comenzar entendiendo que si los padres traen su mentalidad tradicional de iglesia institucional a la iglesia en casa, nada va a funcionar para los niños. La iglesia institucional tiene mentalidad de segregación juvenil: ponlos al cuidado de la Escuela Dominical, para que todo pueda ser santo y tranquilo. Está claro que eso es anti-bíblico. ¿Qué tan callados crees tú que estuvieron los niños durante el Sermón del Monte? La iglesia institucional es litúrgicamente rígida en su “orden en el culto,” y los niños, nada programados e impredecibles como son, nunca podrán encajar dentro de tal rigidez. Es por ello que la primera cosa práctica que debemos hacer en la iglesia en casa, es relajarnos – va a haber más interrupción y bulla en la iglesia en casa. Las personas que tienen niños deben aprender a no sentirse culpables por ello, y las personas sin niños necesitan ejercitar más tolerancia que la que se necesita en una iglesia institucional.

La segunda cosa práctica es desarrollar relaciones personales cercanas entre adultos, y entre los adultos y los niños. Este desarrollo es posible en la iglesia en casa, de una manera que no lo es en la iglesia organizada. Cuando existen relaciones personales cercanas, si el pequeño Jhonny ha echado un chicle bomba en el tanque del baño y está a punto de jalar la palanca, un adulto que no es ni el padre o la madre de Jhonny puede con autoridad pedirle al pequeño bribón que suelte el pabilo, sin temor de provocar un distanciamiento con él o con su mamá. Las relaciones personales cercanas son extremadamente importantes.

La tercera cosa práctica que se debería hacer es buscar formas creativas y viables de involucrar a los niños en la reunión junto a los adultos. ¿De dónde sale la idea que la reunión (o la iglesia) pertenece exclusivamente a los adultos? Yo conozco una iglesia en casa donde los que están dotados musicalmente son en su mayoría los niños. Aquellos tocan guitarras, violines, y flautas, y se sienten libres para dirigir una canción. Otras iglesias en casa animan a los niños a compartir sus testimonios, o a recitar versículos que han memorizado, o a orar por las peticiones de oración. En una reunión, mi iglesia en casa dejó que los adolescentes guiaran la reunión con la música y las Escrituras. La reunión fue completamente diferente – nos dio variedad, y ayudó a que los jóvenes se integraran. En otra de las reuniones de mi iglesia, una de las hermanas llevó a cabo una “lección de Escuela Dominical” para los niños, en la cual también los adultos estuvieron presentes. A éstos últimos se les obligó a adaptarse al punto de vista de los primeros (algo que todos los adultos deberían de hacer de vez en cuando), y los niños tuvieron la oportunidad de divertirse junto a sus padres a la vez que aprendían las lecciones espirituales que fueron enseñadas.

La cuarta cosa práctica que yo sugeriría es no dejarnos atar sutilmente por “la teología de la iglesia en casa.” Es verdad que no creemos en la Escuela Dominical, pero el mundo no se va a acabar si alguien tiene algo especial para los niños, o si de vez en cuando se los lleva a otra habitación. Y no es que creamos en apaciguar a los niños con algún entretenimiento a fin de sacárnoslos de encima, pero no hay nada de malo con mostrarles un video de vez en cuando (aún cuando, y el cielo me perdone, se trate no de un video espiritual sino de uno de Bugs Bunny).

Una quinta sugerencia práctica que un miembro de iglesia en casa ha sugerido es que en cada una de las reuniones en casa se anuncien las reglas de la misma, para que ni los niños ni los padres dañen alguna cosa sin darse cuenta (por ejemplo, “no comer en la sala.”)

Una sexta sugerencia práctica es tolerar a los bebés ruidosos tanto como se pueda, pero si se vuelven escandalosos, asegurarse de que los padres entienden que deben sacar al bebé de la reunión hasta que se tranquilice. Si el padre no lo hace por iniciativa propia, se le debe comunicar. Recuerda que las relaciones son importantes. Constantemente necesitamos ponernos en los zapatos de nuestros hermanos – y nuestros niños son, dentro del cuerpo de Cristo, nuestros hermanos. Prefirámoslos en amor. (Un gran libro para ayudar a los padres que tienen hijos que se salen de control es Educando a un niño [To train up a child] por Michael & Debi Pearl. Puede ordenar su copia en www.NoGreaterJoy.org).

Mi sétima, y última sugerencia práctica es, nunca jamás permitas que la reunión se torne aburrida – ni para los niños, ni para los adultos. Si la reunión está muerta o es demasiado larga para los adultos, imagínate como lo es para los niños. Su nivel de atención es probablemente la mitad del nuestro. Constantemente necesitamos ponernos en los zapatos de nuestros hermanos – y nuestros niños son, dentro del cuerpo de Cristo, nuestros hermanos. Prefirámoslos en amor.

Finalizaremos estos pensamientos con respecto a los niños y a las iglesias en casa, presentando las ventajas manifiestas de las mismas para nuestros jóvenes amigos. No debemos ver a los niños como un obstáculo para que personas nuevas vengan a la iglesia en casa. Debemos ver las ventajas de la iglesia en casa para los niños, y señalarlas como ventajas para los posibles convertidos.

Una de las grandes ventajas de la iglesia en casa para los jóvenes es que éstos observan cómo sus padres tienen una relación de comprensión y amor. Pueden ver cómo sus padres abren sus corazones a Dios de una manera sincera, real, personal y no religiosa.

Otra tremenda ventaja es que los niños no pasan a un nivel de segunda clase en la iglesia: no son segregados, llevados fuera de nuestra vista dentro de las guarderías, escuelas dominicales y ministerios juveniles.

Desde mi punto de vista, una de las más grandes ventajas son las relaciones personales cercanas que se desarrollan entre los adultos y los hijos de otros adultos. En mi iglesia en casa, yo oro constantemente por los niños involucrados. Solo hay seis parejas en la iglesia y únicamente catorce niños. Es muy fácil enterarse de lo que está sucediendo en las vidas de los chicos, y es fácil orar diariamente por ellos, de manera individual, por nombre. Les aseguro que esto no sucede de manera frecuente en las mega-iglesias.

Conclusión

Cierro mi capítulo acerca de los niños en la iglesia, con una pieza brillante de Doug Phillips, de Visión Forum, que es parte de su programa de jóvenes en la iglesia. Aunque él está describiendo una iglesia que no es del tamaño de una sala, sus puntos son bastante relevantes:

“Tengo el privilegio de adorar en una iglesia pequeña de familias integradas. Cuando me preguntan acerca de nuestros diversos programas en la iglesia, yo les explico que somos bendecidos con más de treinta organizaciones diferentes a las cuales pertenecen nuestros miembros – estas se llaman familias. Luego explico que tenemos más de sesenta líderes de jóvenes – los cuales se llaman padres. De hecho, tenemos un calendario de eventos tan lleno que cada día de la semana hay una actividad obligada – llamada adoración familiar.

Los líderes de la iglesia aspiran a equipar a nuestras docenas y docenas de pastores de jóvenes, tanto por medio de la predicación de la Palabra como del pastoreo informal de la congregación, a fin de ministrar exitosamente las diversas necesidades de los muchos individuos y grupos de interés especial dentro de sus respectivas organizaciones. Como no queremos dejar a nadie atrás, hemos instruido a estas organizaciones de la iglesia en cómo alcanzar a los jóvenes, a los viejos, y a los enfermos – solteros, divorciados, o abandonados – a todos, al hacerlo tendremos un alcance integral de cada grupo de especial interés representado por la membresía de nuestra asamblea de creyentes. Como resultado, estas organizaciones auspician eventos que incluyen la hospitalidad y el evangelismo, escuelas con un salón (que usualmente se reúnen en el estudio de la familia) misiones al extranjero (México), y cientos de actividades (literalmente) diseñadas a suplir las necesidades de los miembros de la organización.

Lo asombroso es que nuestro presupuesto económico para alcanzar estas metas es de $0.00. Bueno, no es exacto – si gastamos dinero en fotocopias, distribución de casetes, y otras herramientas de entrenamiento que ponemos en las manos de nuestros líderes de jóvenes.

Como un ejemplo para la congregación, también se les pide a los ancianos que sean líderes de jóvenes. De hecho, si los ancianos no pueden manejar bien su propio programa para jóvenes, entonces tienen que dejar de ser ancianos.

Con tanta responsabilidad en sus manos, nuestros líderes de jóvenes realmente tienen que poner todo su esfuerzo (hablo por experiencia personal porque yo mismo he sido líder de jóvenes.) Ellos tienen que estudiar la Palabra de Dios como nunca antes lo han hecho, de manera que puedan dirigir sus organizaciones sabiamente. Tienen que ser creativos para poder resolver los problemas de sus grupos de interés especial. Tienen que aprender a ser pacientes. Tienen que aprender a amar. Es más, tienen que cambiar las prioridades en sus vidas.

Esta última parte es crucial. Nuestros líderes juveniles sólo serán exitosos si cambian las prioridades de sus vidas y estructurando apropiadamente sus organizaciones. Ellos lo saben. También saben que hay un precio que pagar. Pero la mayoría de ellos están dispuestos a pagar el precio, porque han decidido que la más grande actividad que pueden realizar en esta vida es ser pastor de jóvenes y ser parte de una organización de interés especial llamada la familia cristiana.

Esto es lo que estamos descubriendo: mientras más nos comprometemos a fielmente pastorear a nuestras mini-congregaciones, más bendición experimentamos. Sobretodo, mientras más estudiamos lo que la Palabra de Dios dice acerca de estas pequeñas congregaciones, más podemos ver la maravilla y brillantez del plan de Dios de equipar a la iglesia y transformar a toda la cultura por medio de estas frecuentemente olvidadas, torcidas y aún difamadas organizaciones llamadas hogares cristianos.”

— Dan Walker

Revisado 03/06/03

Traducido por Patricia Montenegro

 

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