Predicando & Enseñando  

Capítulo 4

Primera parte 

Durante 1900 años, la iglesia cristiana ha estado mayormente basada en prácticas y enseñanzas provenientes de diversas fuentes distintas a la Palabra de Dios y eso nos ha dejado con un verdadero legado de cosas que desesperadamente necesitan ser corregidas en lo que se refiere a la práctica de la iglesia. Parte de ese legado es que nos hemos desviado drásticamente de la forma en que se daba la enseñanza bíblica y la instrucción colectiva en la iglesia primitiva, y de hecho, el mayor desvío se refiere a la práctica virtualmente universal que gira en torno a la predicación y a la enseñanza realizada por una sola persona en la reunión de la iglesia en el Día del Señor. 

 

Sin embargo, en el Nuevo Testamento vemos en su lugar algo diferente. Lo que allí encontramos son iglesias reuniéndose en los hogares los domingos, y con un doble propósito. Primeramente, tenían un tiempo abierto, espontáneo y participativo en el que compartían y adoraban juntos, el cual, según definición, no era de ninguna manera guiado desde el frente. Segundo, comían la Cena del Señor juntos como la comida principal del día. Teniendo tal estructura, que de hecho es la manera como los apóstoles establecieron universalmente las iglesias, tenemos como consecuencia que hay ciertas cosas que lógicamente no hallarían lugar. Por ejemplo, en tal estructura no existe la más mínima necesidad de edificios sagrados o religiosos, tenemos así que no nos debe sorprender encontrar que las iglesias en el Nuevo Testamento se reunieran exclusivamente en los hogares. Y hay algo más que tampoco encontraremos en el Nuevo Testamento, un culto dominical dirigido desde el frente, cuyos asistentes están sentados en hileras estilo audiencia y participan solo en las canciones y talvez, en un poco de oración abierta o algo así. Tampoco encontraremos en el Nuevo Testamento algo que ligeramente pudiera parecerse a un sermón. Y claro está que la razón es que tales prácticas irían completamente en contra de lo que parecía ser la misma esencia de una reunión de iglesia de domingo. Los apóstoles establecieron las iglesias de tal manera que cuando ellos se reunían en el Día del Señor la regla era estricta, “cada uno de vosotros tiene… porque podéis profetizar todos uno por uno” (1 Cor. 14:26, 31). Establecieron las iglesias de tal manera que animase positivamente a todos los que estaban reunidos, a participar, creándose como consecuencia un ambiente donde el Señor sería libre para moverse por el Espíritu Santo a través de cada miembro de Su cuerpo. Cualquier idea de una reunión de la iglesia en el Día del Señor girando en torno al ministerio de cualquier individuo va completamente en contra de las Escrituras y contradice su absoluto.  

 

Esto no significa, sin embargo, que no hay lugar para el tipo de enseñanza en el pueblo de Dios en el cual una persona predomina al dar una enseñanza. Ciertamente el Señor provee de personas en la iglesia que son dotadas específicamente en esto, y el Nuevo Testamento aclara que la enseñanza es un llamado y un don del Espíritu Santo. De hecho, en la iglesia de la cual soy parte nos reunimos los jueves por las noches para un estudio bíblico, y nos esforzamos por profundizar en nuestro entendimiento de la Palabra de Dios. Pero en el Nuevo Testamento la reunión de iglesia de los domingos no era el momento en que estos dones eran ejercitados de una manera en particular, y la exigencia siempre apuntaba a la participación mutua; para que muchas personas compartieran algo, incluyendo una pequeña enseñanza, en lugar de que una sola persona predomine o dirija de alguna manera. 

 

Al final, esto nos ayuda a no enfatizar ni en el liderazgo, ni en nuestra miserable inclinación de hacer grandes hombres de aquellos que son dotados con la habilidad para enseñar y para hablar en público. Nos ayuda a mantenernos a salvo de toda la división clero/laico y del sistema completamente anti-bíblico de dos rangos, el de los líderes y el de los liderados, el cual crea jerarquía, lo cual es algo que una iglesia jamás debería tener, ya que la única jerarquía relacionada con la vida de iglesia que encontramos en el Nuevo Testamento simplemente se da entre Jesús y todos los demás. Aún los ancianos – que es lo que toda iglesia bíblica debe tener o aspirar tener, un conjunto de co-iguales, ancianos masculinos, que han sido levantados de entre aquellos a los cuales sirven – están estrictamente en la categoría de “todos los demás.” 

 

Lo que es más, esta manera bíblica de hacer las cosas, que hemos estado observando, crea un ambiente en el cual las personas se sienten libres de cuestionar todo lo que es enseñado con la finalidad de aprobar y entender más profundamente. También provoca que los que enseñan entiendan que sobre ellos pesa la responsabilidad de hacerlo de tal manera que persuadan a la gente de que lo que dicen es realmente bíblico. Ayuda a minimizar el riesgo de que aquellos que son enseñados acepten las cosas pasivamente solo porque es lo que los líderes enseñan, o por alguna idea loca de “política aceptada de la iglesia” o algo similar. Origina una situación en la cual las personas activamente cuestionan y entienden en vez de pasivamente aceptar las cosas como un hecho y asentir como si estuvieran de acuerdo. En resumen, crea lo que muchos líderes de muchas iglesias temen tanto, personas con mentes bíblicas abiertas que no aceptan las cosas simplemente basándose en la autoridad de el-líder-lo-dijo, sino que cuestionan y desafían hasta que son persuadidos que algo es o no, bíblico. Finalmente libera las ideas y sabiduría de todos en la iglesia, y engendra una atmósfera de actitudes humildes además de la disponibilidad de todos para aprender de todos. Reconoce el hecho, vitalmente importante, de que el Señor habita en todo Su pueblo y por lo tanto puede hablar a través de cualquiera de ellos en la iglesia y no simplemente de una élite de algunos escogidos y verbalmente dotados. 

 

Pero ahora debo lidiar con lo que talvez, en las mentes de algunas personas, es visto como una objeción bíblica y real de lo que estoy escribiendo aquí. Así que vamos al libro de los Hechos y demos un vistazo a un domingo en particular que el apóstol Pablo pasó con la iglesia en Troas: “El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente, y alargó el discurso hasta la medianoche (Hechos 20:7). 

 

Aquí tenemos a los creyentes en Troas reunidos para tener su reunión principal de la semana, y podemos notar ciertas cosas (que dicho sea de paso ningún estudiante de la Biblia objetaría ya que son simplemente un hecho textual): que la iglesia se reunió el primer día de la semana, el domingo, que se reunieron todos juntos en la casa de alguien, que el texto griego aquí nos dice que el propósito principal de la reunión fue para partir el pan, y que la frase “partimiento del pan” se refiere a una comida completa, probablemente la Cena del Señor. 

 

Ahora lo que quiero objetar aquí es que Pablo, “habló a las personas” y “siguió hablando hasta la medianoche.” Ciertamente eso suena como si Pablo estuviera hablando y todos los demás simplemente escuchando. Si ese fuera el caso, entonces no habría mucha participación abierta y sin dirección, tal como podríamos esperar si todo lo que he escrito hasta aquí carece por completo de sentido. Pero hay algo peor, porque en la traducción de la NVI de Biblia el versículo dice así, “Pablo estuvo hablando a los creyentes, y prolongó su discurso hasta la medianoche.” 

 

Eso no solo suena como un culto de domingo, sino como la madre y padre de todos los sermones dominicales anteriores o desde ese entonces. Si hemos de creer este versículo, Pablo no solo predicó a la iglesia, sino que lo hizo hasta la medianoche. ¿Qué puedo decir ante aquello a la luz de este artículo? Bueno, realmente es muy simple, porque lo que tenemos aquí es un ejemplo de una mala traducción. El griego original aquí no dice lo que los traductores quisieron hacernos creer, y Lucas no usa para nada alguna de las variantes en griego para la palabra “predicar,” sino que por el contrario describe lo que Pablo estaba haciendo aquí hasta la medianoche con la palabra dialogemai. Y dialogemai, tal como cualquier estudiante de griego lo diría, significa conversar, discutir, razonar o disputar con alguien. Denota una discusión de ambas partes entre diferentes partidos y de hecho es la palabra en griego de la que procede la palabra diálogo, en el español.  

 

Predicar es un monólogo, y en ciertos escenarios de la vida de iglesia bien podría ser correcto. Por ejemplo, los estudios a mitad de semana también pueden ser dados por una persona en monólogo seguido por preguntas. Pero en el Nuevo Testamento, cuando el pueblo del Señor se reunía como iglesia los domingos, lo que estrictamente ocurría era un diálogo y esto es precisamente lo que Pablo estaba haciendo aquí. Ciertamente él esta enseñando a la iglesia y la reunión dura toda la noche porque ellos querían aprender todo lo que pudieran de él, pero en el formato de una discusión y no de algún tipo de monólogo. Era participativa e interactiva, y por lo tanto iba de acuerdo con la manera en que fueron establecidas las reuniones de iglesia los domingos. En breve, Pablo simplemente estaba conversando con ellos. Era un diálogo, y tanto él como la iglesia reunida estaban razonando juntos. Era recíproco ¡comunicación mutua, pregunta y respuesta, punto y contrapunto, objeción y explicación! Pablo no está parado en algún tipo de plataforma alta con todos los demás escuchando silenciosamente lo que él les habla; por el contrario, él está sentado en el sofá del salón hablando con ellos. En efecto, tal como lo he dicho antes, hay un tiempo para algo más formal, estilo lectura, pero aún allí debe quedar en claro que quienquiera que esté enseñando debe estar completamente abierto a preguntas referentes a su tema. Y no quiero decir que esto se debe dar necesariamente en el medio de la enseñanza, queda claro que quien está enseñando debe terminar primero, y después las preguntas se pueden dar fluidamente. Y que también quede claro que quien está enseñando es simplemente uno de los hermanos, y no alguien especial o espiritualmente encumbrado por el simple hecho que ha sido dotado de una manera especial. Aún en las reuniones de estudio bíblico de los jueves por la noche de la iglesia de la cual formo parte, tenemos muchas sesiones de enseñanza interactivas y de discusión, y usamos el estilo de lectura como uno de los tantos enfoques. 

 

Permítanme terminar dejando en claro que estamos muy lejos de restarle importancia a la enseñanza bíblica en la vida de las iglesias cristianas. ¡Muy lejos de ello! En primer lugar, ninguno de nosotros estaríamos hablando acerca de alguna de estas cosas, si no fuera por el hecho de que nosotros mismos somos parte de una buena enseñanza sólida de la Biblia, y estamos interesados tanto en recibirla como en transmitirla a otros. No, simplemente estamos diciendo que tenemos que empezar a hacer las cosas de manera correcta y bíblica, y que debemos en esto, así como en todo lo demás, volvernos a lo que la Palabra de Dios enseña, en vez de permanecer pegados a tradiciones antiguas, completamente anti-bíblicas. 

 

No hay duda que las iglesias necesitan una enseñanza actual, pero también necesitan de otras cosas, y hacer algunas cosas bíblicas a expensas de otras que son igualmente bíblicas, es un grave error. Los apóstoles esperaban que cuando los creyentes se reunieran en sus respectivas iglesias en el día del Señor, se diera el caso de, “Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene” (1 Cor. 14:26). ¡Así es como debe de ser! ¡Nada más y nada menos! ¿Lo entiende? ¡Bien! Es bastante sencillo, ¿no es así? Después de todo, ¿de quién creemos que provienen las mejores ideas: de Jesús y de Sus discípulos, o de alguien más?

- Beresford Job 

 

Segunda parte 

 

En los últimos meses varias personas me han hecho preguntas con respecto al lugar apropiado para los “estudios bíblicos” en la asamblea. Para aquellos que pertenecen a iglesias tradicionales, cumplir con el párrafo de arriba se traduce en ser fieles para venir al templo a escuchar un “sermón” cada domingo por la mañana. 

 

Aquellos que se han sentido guiados a llevar a cabo la ekklesia en ambientes más informales, usualmente tienen preguntas acerca de cómo encaja la “enseñanza” dentro del nuevo esquema de cosas. No pocos, que han reaccionado al centralismo previo del púlpito, son suspicaces con respecto a ser “enseñados” por alguien, o temen que una persona llegue a dominar. Algunos sienten que las reuniones de personas deben centrarse en los problemas relacionales en lugar del estudio de la Biblia. Otros sienten que debe haber enseñanza todas las semanas o los santos se secarán. ¿Qué es lo que podemos aprender del Nuevo Testamento que nos ayude a colocar estas diversas preocupaciones en la perspectiva apropiada? 

 

Después que 3000 personas creyeron y fueron bautizadas, “perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros [koinonia], en el partimiento del pan y en las oraciones (Hechos 2:42). Aquí vemos cuatro características centrales que marcaron la vida de los creyentes juntos. Los apóstoles se involucraron de inmediato en la enseñanza del rebaño. Así que queda claro que la enseñanza es muy importante en la ekklesia. Pero la enseñanza se daba en el ambiente de koinonia, comiendo y orando juntos. 

 

Entre los muchos dones que Cristo le dio a Su pueblo, algunos son dotados como maestros (Ef. 4:11). Santiago dice, “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.” (3:1). Pablo dice, “si el don de alguien es el de enseñar, que enseñe” (Rom. 12:6-7 - NVI). Y en 1 Cor. 12:28-29, al preguntar Pablo “¿son todos maestros?” está señalando el hecho de que Cristo nunca pretendió que todos tuvieran el mismo don. Por otro lado, el escritor de Hebreos reprende a todos los hermanos por su falta de crecimiento, al decir “porque debiendo ya ser maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios” (5:12). Bien, aunque tenemos en claro que solo algunos son dotados como maestros, todos en el pueblo de Dios deben ser “maestros” en el sentido amplio de contribuir a la edificación de todo el cuerpo, de acuerdo con sus dones. 

 

Obviamente, los grupos de creyentes variarán grandemente en sus dones, pero si el Señor los ha unido, entonces pueden estar seguros que “mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como El quiso” (1 Cor. 12:18). Algunas asambleas tendrán a varios que son dotados en la enseñanza, algunas tendrán a una sola persona, y talvez otras sientan que no tienen a nadie. Lo principal que debemos tener en mente es que todos los creyentes tienen el Espíritu Santo (la “unción”) y son capaces en algún nivel, de compartir de Cristo, de manifestar discernimiento, de tener cuidado el uno por el otro, y de entender las Escrituras. Cuando se reúnen todos en Su nombre, tienen la seguridad de tener la presencia de Cristo (Mt. 18:20). En una reunión de creyentes, cada persona presente tiene la responsabilidad de asegurarse de no dominar y como consecuencia, no reprimir a los demás. Si hay varios maestros, ninguno debe dominar. Si se da el caso que solo hay un maestro, se debe cuidar que aquel don no termine quemándose en el candelero. Si fuera que al parecer no hay ningún maestro, entonces el cuerpo debe confiar mucho en el Señor para la participación múltiple de edificación. Estamos muy acostumbrados al pensamiento artificial que asume que los maestros deben tener como trasfondo una escuela bíblica o un seminario. Este no es un pensamiento bíblico. No debemos sucumbir ante el culto al experto ni tampoco apagar algún eminente don en los creyentes. En Hechos 20:7, se nos dice de manera específica que el propósito de las reuniones de los santos era “partir el pan,” y no escuchar una enseñanza. Sin embargo, en el transcurso de esa reunión en particular – que sería la última aparición de Pablo en la ciudad – el apóstol “dialogó” con ellos por un periodo largo. Lo que Pablo tenía que decir era la comida de la reunión, pero no fue un monólogo. Fue un discurso con interacción. Eso muestra que aunque la razón de ser de la reunión era comer (la Cena del Señor), también fue posible que hubiera lugar para la enseñanza. 

 

Evidentemente los corintios sintieron que todos deberían hablar en lenguas. Ellos estaban centrándose en ciertas manifestaciones visibles del Espíritu. En 1 Cor. 12-14, Pablo corrige esto. En el capítulo 14, él quiere que la espontaneidad y la participación variada continúen, pero en todo ello quiere que la profecía sea central, y que todo lo demás sea hecho para la edificación. La profecía da como resultado edificación, exhortación, consolación e instrucción (14:3, 31). En el versículo 26, Pablo menciona algunas de las muchas contribuciones que los santos pueden aportar en la reunión, y una de ellas es “una enseñanza.” Así que de la misma manera como no debemos prohibir las lenguas (si hay interpretación), ¡tampoco debemos prohibir la enseñanza! 

 

Una cosa que ayudaría a las asambleas en todos estos problemas que involucran la “enseñanza” es si juntas aprendieran cómo estudiar la Biblia con una visión de discernir la mente del Señor y actuar de acuerdo con ella. Siendo que estamos rodeados de tanta falsa enseñanza, es vital para las ekklesias escudriñar las Escrituras para ver si realmente es así. Por ejemplo, en una variedad de temas – oración, ángeles, vida de los creyentes, humildad, amor – es realmente factible que un grupo de creyentes fotocopie una concordancia o imprima desde una computadora una selección de versículos para juntos estudiarlos en oración. En la iglesia primitiva, las epístolas apostólicas eran leídas en la asamblea. Eso es algo que las congregaciones deberían hacer de manera regular. Se debe enfatizar que todo manejo de la Palabra de Dios por la ekklesia no debe enfocarse como un viejo ejercicio académico e intelectual. Nuestra meta debe ser exaltar únicamente a Jesucristo y obedecer lo que El revela en Su palabra. 

 

Las congregaciones tendrán sus fortalezas y debilidades. Algunas estarán bien enraizadas en una buena enseñanza pero serán débiles en la oración. Algunas van a sobresalir en el cuidado mutuo pero serán débiles en algunas verdades del evangelio. La tendencia general que he observado es que, o las iglesias tienden a ser pura doctrina con muy poco de vida de comunión, o están centradas en experiencias subjetivas con poca buena enseñanza. ¿Por qué destrozamos lo que Dios ha unido? Deberíamos esforzarnos por cuidar unos de otros, comunión práctica, como Pablo exhortó, deseando retener una enseñanza sana. Para eso, los hermanos siempre deben evaluar sus vidas a la luz de versículos tales como Hechos 2:42, y abiertamente discutir áreas en las cuales necesitan crecer. 

 

Santiago 1:19 nos exhorta a todos a ser “prontos para oír y tardos para hablar.” En todo grupo de santos habrá personas que tienden a hablar bastante, aquellas que son reticentes y otras que están entre ambos casos. 

 

Aquellos que siempre están listos para hablar deben tener cuidado y asegurarse de no reprimir el aporte de los demás. Deben tener cuidado con no dominar o intimidar al usar un tono dogmático que aplaque toda conversación. Aquellos que son muy indecisos para hablar necesitan una atmósfera de aceptación y amor en la cual puedan ser animados a compartir lo que el Señor les guía. Si nuestras reuniones son realmente abiertas, entonces debemos ser sensibles a la dirección de la guía del Espíritu. Todos debemos estar dispuestos a colocar las necesidades de los demás por encima de las nuestras. Por ejemplo, si un grupo de creyentes tiene nuevos convertidos, o gente que acaba de salir de alguna secta, o gente que acaba de experimentar algún trauma que les ha cambiado la vida, necesitarán que nos enfoquemos en sus necesidades en particular. 

 

Un gran problema para todos nosotros es la habilidad de escuchar cuidadosamente los problemas de otros en el grupo. Si realmente nos amamos unos a otros, vamos a desear procesar los problemas que hay en el corazón de las personas. Talvez podemos pensar que su pregunta o preocupación está fuera de lugar, o es irrelevante, o no es un problema para nosotros, pero si valoramos a aquellas personas, vamos a seriamente considerar cada una de sus palabras. De esta manera, si te encuentras a ti mismo teniendo pensamientos como, “este lugar se está convirtiendo en un árido seminario,” “no puedo tolerar los puntos teológicos que se están estableciendo,” “todo lo que discutimos son las experiencias de las personas y nunca profundizamos en la Palabra,” “estudiamos demasiado la Palabra y no oramos mucho,” “todas las semanas hacemos casi lo mismo,” “cada vez que acaba la reunión me siento deprimido en vez de animado,” “siento que hay un desequilibrio doctrinal,” etc., necesitas hablar con los hermanos en Cristo. El problema podrías ser tú y tus percepciones equivocadas, pero cuando las personas tienen inquietudes, éstas deben ser atendidas abiertamente. Esa es la razón por la cual es sabio que de cuando en cuando las asambleas conversen acerca de cómo va su vida de comunión, para que los desequilibrios sean cortados de raíz. 

 

La química de cada asamblea es única. El Espíritu tomará las cosas de Cristo y las aplicará a nuestras circunstancias. Lo que funciona en un grupo no tendrá sentido en el otro. Pero nada va a funcionar a menos que los hermanos se comprometan a escudriñar juntos el evangelio, prefiriéndose los unos a los otros en humildad. Los componentes básicos de la vida de iglesia son dados en el Nuevo Testamento, y las probabilidades son altas (según el ejemplo de las siete ekklesias que Cristo evaluó) que cada asamblea tenga debilidades con las cuales no ha lidiado y que necesitan un cambio y arrepentimiento. Por encima del valor de estar juntos necesitamos la mezcla apropiada de enseñanza, canto, comunión, alabanza, oración, cuidado, y de otros atributos que nos ayuden a ser saludables. La mayoría de nuestras preocupaciones acerca de cómo la enseñanza se expresa en una asamblea, probablemente se resolverían si hubieran más discusiones abiertas y nos escucháramos más los unos a los otros.

- Jon Zens 

Revisado 08/03

Traducido por Patricia Montenegro 

 

 

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