¿Qué es un ministro? 

(What is a Minister)

Desde 1972 he estado luchando mordazmente con asuntos relacionados a la iglesia de Cristo. Algunos de ellos se han cristalizado en mi pensamiento y me gustaría compartirlos con ustedes con la esperanza de dar lugar a un diálogo significativo y a una búsqueda seria de las Escrituras. No hay nada que temer al las Escrituras mirar juntos.

La carga clave en mi corazón, que me gustaría expresar y desarrollar, es la siguiente: el ministerio de la iglesia en conjunto continuará siendo mutilado mientras perpetuemos la separación “del ministro” de la visión en el Nuevo Testamento de los ancianos, y mientras de manera funcional dividamos al pueblo de Dios en “ordenados” (clero) y “no llamados” (laicos). 

Ancianos en lugar de “Ministros”

El Nuevo Testamento solo conoce de “santos, obispos y diáconos” (Fil. 1.1) Tanto “obispos,” “pastores” y “ancianos” todos se refieren al mismo cuerpo de hombres (Hch. 20.17, 28). La supervisión de la iglesia es concebida como un cuerpo de ancianos (1 Ti. 5.17; Stg. 5.14). Sin embargo, la práctica tradicional de “llamar a un pastor” separa virtualmente en cada punto, este “oficio” de los ancianos. Bajo el patrón neo-testamentario, laos (pueblo) y kleron (clero, herencia) se refieren a todo el pueblo de Dios, es así que ancianos y diáconos son parte del “laico/clero,” y no separados o por encima. “La mayoría de las iglesias denominacionales se han apartado de este patrón haciendo una distinción entre el pastor y los ancianos. La práctica común hace del pastor un empleado a tiempo completo de la iglesia, en tanto que los ancianos son hombres laicos que funcionan casi como un consejo administrativo” (James Stahr, Interés, Abril, 1984, p. 2).

En el patrón protestante tradicional, el pastor tiene un “llamado” que los otros ancianos no poseen, es entrenado de manera distinta a ellos, es ordenado de manera diferente, él viene de afuera del cuerpo mientras que los ancianos salen de dentro del cuerpo, el pastor puede ser enviado a otra iglesia mientras que los ancianos son residentes, él puede tener el “Rev.” junto a su nombre pero no así los ancianos, a él se le paga para realizar diversas tareas (no así a los ancianos), textos que se aplican a un cuerpo de ancianos son aplicados únicamente al “ministro,” el pastor puede ocupar el púlpito mientras que los ancianos raramente pueden hacerlo (si alguna vez sucede), y es el pastor el que determina la dirección del culto de adoración. Interesantemente, la forma protestante tradicional de hacer esto se asemeja más a un modelo religioso no evangélico (con sacerdotes y brujos) que al sencillo patrón neo-testamentario. 

El cambio de Anciano/Ministro Mutuo a “El Ministro”

No interesa que área de la verdad de la iglesia estudie, parece ser que la fuente esencial del problema de alguna manera radica en el aislamiento que hay entre “el pastor” y los ancianos. Lo frustrante para mí es que: aún cuando el mejor estudio de la Biblia y de la historia de la iglesia está unido a la conclusión básica que “la guía ética para las personas recientemente convertidas al cristianismo… fue ofrecida en primer lugar por un poliforme ministerio de gracia, reflejado en el Nuevo Testamento; con el transcurrir del tiempo la autoridad moral fue centrándose cada vez mas en un ministerio ordenado, de obispos y diáconos, “aquellos que toman seriamente esta perspectiva son etiquetados como “extraños,” “defectuosos,” y “peligrosos” (la cita es de G.W. Forell, Historia de las Éticas Cristianas [History of Christian Ethics] Vol.1, 1979, p.39; consulte "Un Dios, un Obispo: las políticas del monoteísmo” [One God, One Bishop: The Politics of Monotheism], Los Evangelios Gnósticos [The Gnostic Gospels], Elaine Pagels, 1981, pp.33-56). Siendo el hecho que en el Nuevo Testamento somos confrontados con un “poliforme ministerio de la gracia,” ¿no deberíamos preguntarnos a nosotros mismos si el cambio resuelto al enfoque en “el ministro” (clero), que ocurrió rápidamente en tiempos post-apostólicos, era válido o no? Juzgando por nuestra práctica le damos más credibilidad a la tradición post-apostólica que a la enseñanza directa de los apóstoles (consulte Judy Schindler, "El levantamiento de una regla de obispado en la Iglesia Primitiva [The Rise of One Bishop Rule in the Early Church],” ST, Summer, 1981, pp. 3-9) 

¿Podría ponerse de pie el verdadero “clero”?

Si tomamos el Nuevo Testamento con seriedad, todo aquello que promueva las categorías tradicionales “clero/laico” debe ser evitado. ¿Aquellos que están en el “pastorado” estarán dispuestos a renunciar al título de “Reverendo” que acompaña a sus nombres (consulte a David Foster, “¿no llamamos a ningún hombre maestro, padre, rabí… o pastor? [Call No Man Teacher, Father, Rabbi… or Pastor?],” Revista de Cuidado Pastoral, Jay Adams, ed.)? Toda la mística que envuelve al “pastor” debe ser alineada con la declaración de Cristo a los apóstoles: “todos ustedes son hermanos.” Hacer distinciones anti-bíblicas entre nosotros da como resultado terribles tradiciones, tal como lo muestra la siguiente ilustración: “era, indudablemente, con la certeza nacida de la reverencia con la cual estaba acostumbrado a ser saludado, que [John] Smalley hacía su entrada en la mañana del sábado por la puerta de la sala de reuniones, haciéndole saber a la congregación el momento de su llegada para que los miembros de importancia se pusieran de pie y le hicieran reverencia mientras él caminaba por el pasillo” (Mary L. Gambrell, Entrenamiento Ministerial en el siglo XVII [Ministerial Training in 18th Century] New England, pp.113-114). Talvez nosotros no duplicamos esta reverencia en particular, pero el espíritu de esta ilustración aún es repetido en nuestros días en mil maneras distintas.  

Predicando: ¿en las calles o en el “templo”?

Junto a la instauración del “pastor” está la tarea central de predicar. H.M. Carson declara que la predicación “es el medio principal mediante el cual, el pueblo de Dios es edificado en la fe” (¡Aleluya! Adoración cristiana [Hallelujah! Christian Worship] p. 72). Aunque parece que la “predicación” en el Nuevo Testamento es una actividad que primordialmente se daba lugar fuera de la iglesia (consulte Stuart Olyott, "¿Qué es evangelismo? [What Is Evangelism]," Banner of Truth, Julio/Agosto, 1969, pp.1ff.; C.E. Dawson, "Los evangélicos [The Evangelicals]," Noticias del evangelio, Set., 1982, p. 247). La iglesia debe consagrarse a la enseñanza apostólica. Frecuentemente los ancianos pueden proveer la columna dorsal de tal instrucción en la asamblea. Pero equipar el reino de la palabra de Cristo en la iglesia con el ministerio de púlpito del “pastor” no puede ser sustentado desde el Nuevo Testamento. Sería maravilloso para aquellos que tienen dones de predicación el ejercitarlos “fuera,” tal como lo hizo George Whitefield. Es necesario que se recuerde que todo razonamiento para el “centralismo en la predicación” es sospechoso: se originó en un estado de la iglesia en el cual la asistencia era obligatoria. 

“El cuerpo no es un miembro, sino muchos”

Uno de los resultados más dañinos que se originan al separar al “pastor” de los ancianos es el descuido de todo el cuerpo. Cuando se propone que “todo el peso del orden, las reglas y la edificación de la iglesia” descanse en el “pastor,” tal como lo sugirió el puritano John Owen, no hay manera en que se le de la atención apropiada a “todo el cuerpo” desde la perspectiva de Efesios 4:16. J.I. Packer claramente admite que la discusión de los puritanos acerca de los dones “estaba dominada por su interés en el ministro ordenado… difícilmente se levantaban preguntas con respecto a otros dones en otras personas” (Los dones espirituales y los puritanos [The Puritans and Spiritual Gifts],” 1967 Westminster Papers, p.15). 

 

¿Dónde es la próxima conferencia del ministro?

“El ministro” separado de los ancianos también añade una increíble presión sobre las personas con dones, quienes creen que se espera que nunca den fruto. Los artículos de 'Cristianity Today' ilustran lo obvio: “¿Cuántos sombreros usa tu pastor?,” “El divorcio del clero brota en los pasillos,” “¿Quién aconseja a los ministros cuando tienen problemas?” Ya que los pastores siempre “se están dando,” y debido a que las iglesias locales son incapaces de poder ministrarles, deben asistir periódicamente a conferencias a las cuales asistan otros con el mismo síndrome. Y ya que el Nuevo Testamento no sabe nada de una “oficina pastoral” como la concebimos de manera tradicional, no es de sorprender que aquellos que están allí experimenten que “se queman” tratando de alcanzar las expectativas. Problemas que irrumpen en la vida como las crisis nerviosas, el suicidio, el divorcio, un gran estrés familiar, y la infidelidad sexual se dan en un porcentaje bastante alto entre el clero. Una encuesta reciente, muy intensa de Enfoque a la Familia, indicó que mensualmente hay 1800 pastores que dejan el ministerio en nuestro país, considerando a todas las denominaciones. ¿Cuándo vamos a despertar para darnos cuenta que hay algo podrido en el estado de Dinamarca? 

Ministro: ¿Púlpito o poliforme?

Probablemente la institución pastoral ha sido el factor más instructivo en la forma que se dan los cultos en la iglesia (consulte Hezekiah Harvey, El pastor [The Pastor], 1879 [Backus Books, 1982], pp.27-28). Las primeras asambleas no sabían nada de un “púlpito,” y sin embargo ahora se ha convertido en una pieza de utilería que no se debe cuestionar. Es una situación análoga para muchos que sencillamente asumen que en el primer siglo los apóstoles hacían “llamados a pasar al altar.” Los estudios de todas las tradiciones reconocen que en el Nuevo Testamento nos encontramos con una informalidad estructurada. 

Note algunos ejemplos de los muchos que se podrían dar:

. 1 Co. 14.26-36 “provee un vistazo de la iglesia primitiva en la adoración. Aparentemente el culto contenía una mezcla de flexibilidad espontánea y de formalidad tradicional heredada de la sinagoga. Suponemos por las palabras que había una participación congregacional” [del 14.26] (William Baird, 1 Co. / 2 Co., 1980, p.59).

. “El culto de adoración era, probablemente, más abierto en los días de Pablo que hoy en día” (Leonard J. Coppes, ¿Cinco puntos son suficientes? [Are Five Points Enough], p.182)

. “Los vistazos que tenemos de congregaciones adorando en el Nuevo Testamento son de participantes activos” (Herbert Carson, ¡Aleluya! [Hallelujah!], p.29). 

 

Preguntas importantes saltan a la vista: a la luz de nuestra confesión de que el NT nos guía, ¿por qué nuestras reuniones son totalmente diferente de aquellas reveladas en las Escrituras? ¿Es correcto que eliminemos la participación a fin de mantener la “centralidad de la predicación”? ¿Por qué aquellas reuniones eran edificantes y buenas para la iglesia primitiva, pero son “peligrosas” para nosotros? ¿El Espíritu de Dios está informándonos en el NT, o estamos proponiendo que esta información inspirada ya no es relevante?

Un argumento frecuentemente presentado es que 1 Co. 14 es la “primera revelación” modificada por la “última revelación.” Pero en varias maneras esto es un razonamiento engañoso. Primero, ¿qué hay en la “última revelación” que contradice a 1 Co. 14? Segundo, Hebreos es “última revelación” y sin embargo contiene el mismo énfasis encontrado en Corintios: “exhortaos unos a otros diariamente… no dejéis de congregaos… animaos unos a otros.” Tercero, Santiago es “última revelación,” sin embargo algunos comentaristas ven 1.19 como una referencia “a la adoración libre y no estructurada de las primeras asambleas cristianas” (Curtis Vaughn, Santiago: Una guía de estudio [James: A Study Guide], p.35; consulte Earl Kelly, Santiago: Un manual para la vida cristiana [James: A Primer for Christian Living], p.69).

Si somos honestos, debemos confesar que la tradición del púlpito es un tremendo obstáculo que impide la obediencia a la dimensión participativa, unos a otros, de vida en el cuerpo que encontramos en el Nuevo Testamento. David Thomas (en ¡1898!) resumió bien la situación: “La iglesia cristiana en asamblea, puede tener en un mismo momento varios expositores que se dirijan a ellos… si esto fuera así: 1. ¿La enseñanza cristiana debería ser considerada como una profesión? Lo es ahora: los hombres son levantados, entrenados y viven para ello, tal como lo hacen los arquitectos, abogados, doctores… 2. ¿Está la iglesia cristiana justificada para centrar su atención en el ministerio de un solo hombre? En las congregaciones más modernas hay algunos hombres cristianos que debido a una habilidad natural y a un conocimiento experimental e inspiracional, están mucho más calificados para instruir y fortalecer al pueblo que su propio ministro profesional establecido. Definitivamente la predicación oficial no tiene autoridad, ya sea en la Palabra, en razón o experiencia, y debe llegar a un final tarde o temprano. Todo hombre cristiano debería ser un predicador. La media hora destinada para el mensaje en el culto de la iglesia debería ser ocupada por tres o cuatro hombres, maduros cristianamente… con capacidad de expresión, y no solo sería mucho más interesante sino más productivo que ahora ("1 Corintios," El comentario del púlpito [The Pulpit Commentary], p.459).

 
¿Pero qué de mi cheque?

Las personas en el ministerio pueden sentirse amenazadas por las implicancias que tienen los ancianos en el Nuevo Testamento. Las bases tradicionales para sostener a un pastor no tienen garantía en las Escrituras, y están basadas en textos mal interpretados. Sin embargo 1 Ti. 5.17-18 indica que la congregación es libre de ayudar a cualquiera de sus ancianos en tanto cuente con las condiciones para hacerlo. Así como en los demás puntos conectados al “pastorado,” el sustento necesita ser usado en el contexto de un cuerpo de ancianos, y no en conexión con una supuesta “oficina pastoral” (consulte Ronald Hock, El contexto social del ministerio de Pablo: Hacedor de carpas & Apostolado [The Social Context of Paul's Ministry: Tentmaking & Apostleship], Fortaleza, 1980). La ayuda financiera no debe ser una motivación en los ancianos que sirven al rebaño; la asamblea es libre para ayudar a los ancianos; los ancianos son libres para trabajar con sus propias manos (1 Pe. 5:2; 1 Ti. 5:17; Hch. 20:34-35). 

 

¿Dónde está la queja?

Si el “pastor” es una parte tan importante en el ministerio de la iglesia, entonces por qué es tan difícil validar tal función en el Nuevo Testamento? John H. Yoder agudamente resume la información: “La conclusión más prominente que se deriva de esta enunciación es la ausencia de dos oficinas, lo cual es lo más característico en el cristianismo moderno: el 'pastor,' en el sentido de un ministro profesional guiando a la congregación, y el 'obispo,' en el sentido de un ministro con autoridad sobre varias congregaciones. Originalmente ambos términos eran intercambiables con el de 'anciano,' refiriéndose a uno de varios hombres que compartían el liderazgo en un concilio local. Henri d'Espines, profesor de la Universidad Geneva, la misma de Calvino, llegó a la misma conclusión, y se ha atrevido a decir que la visión de Calvino de la oficina pastoral es anti-bíblica, que 'este estado de asociaciones es deplorable,'y que la 'restauración del pastorado colectivo, ejercitado por un genuino concilio de ancianos, es una de las condiciones primordiales para el avivamiento espiritual que tanto necesitan nuestras iglesias.' Una vez más, vemos la Reforma Bíblica en su mejor aparición a favor de la autoridad de la Escritura sobre la iglesia” (“Biblio-centralidad y la Iglesia [Biblicism and the Church],” Concern #2, 1955, p.45). 

¿Estás viendo alguna luz?

Si estas o has estado involucrado en un rol de “clero” en el pasado, y estás llegando a la convicción que esta posición se origina de tradiciones que no son bíblicas, hay algunos pasos prácticos que debes dar.

. Deja de usar la palabra “Reverendo” y otros títulos religiosos junto a tu nombre (y anima a los que te rodean a dejar de usar cualquier tipo de lenguaje que asuma que hay una diferencia entre “clero/laico”).

. Renuncia a tu nivel de “clero” y mírate a ti mismo como parte del “laos” de Dios que tiene manifestaciones del Espíritu, junto con todos los demás, por el bien del cuerpo (1 Co.12:7)

. Enseña al cuerpo que tu papel de “clero,” junto con todas sus expectativas, está basado en tradiciones humanas y no en el Evangelio.

. Instruye a los hermanos que todos los aspectos del cuidado mutuo descansan en el cuerpo, y no en una élite espiritual.

. Da pasos concretos para descentralizar la función de tus dones en el cuerpo.

. Empieza una nueva metodología de búsqueda de la verdad y de hablar la verdad. En lugar de la cuchara del “clero” que alimenta al “laico,” estudien juntos los asuntos importantes de la Palabra con la visión de encontrar la voluntad de Cristo y actuar de acuerdo con ella.

. Adopta un estilo de enseñanza donde exista el diálogo y se motive a los demás a las preguntas/comentarios.

. En tanto que el cuerpo realiza cambios concretos en la manera como se lleva la “iglesia,” el énfasis varía desde la dependencia en una persona a la edificación de participación múltiple.

. Tu sustento económico como persona del clero es en definitiva un problema difícil que necesita ser evaluado creativamente y escrituralmente. Sin importar todas las circunstancias específicas en tu caso, si esto ayuda a que la asamblea desarrolle su ministerio de unos a otros, por lo menos necesitas estar dispuesto a seguir el ejemplo de Pablo: “Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido (haciendo carpas). En todo os he enseñado que trabajando así se debe ayudar a los necesitados” (Hch. 20.33-35). Cuando el ministerio es más compartido con el cuerpo, la carga que había en una sola persona desaparece y la congregación es libre para evaluar como sus recursos financieros pueden ser maximizados para edificación y para suplir las necesidades de las personas.

El sistema de “clero”es una institución gigantesca. Sus tentáculos llegan a lo recóndito de los trabajos internos de casi todos los grupos religiosos. No toda persona del “clero” toma el Nuevo Testamento seriamente, pero aquellos que lo hacen necesitan guiar el camino, por medio de su ejemplo personal, hacia un cambio de paradigma que refleje mejor la vida de una asamblea Cristo-céntrica. Usualmente las personas que dejan el modelo tradicional de “clero” tienen un alto precio que pagar debido a su falta de fidelidad para con Cristo, pero los premios espirituales no se pueden describir. La verdad es que permanecer en un sistema colapsado y que ha arruinado las vidas de muchas personas es un precio erróneo a pagar. ¿Por qué supones que mensualmente 1800 personas dejan el “ministerio”? 

“Creemos que la Biblia es nuestra regla infalible de fe y práctica”

Muchas iglesias confiesan esto, pero ¿realmente toman con suficiente seriedad el Nuevo Testamento como para evaluar todas sus prácticas a la luz del mismo? Tal confesión se vuelve vacía si no es respaldada por una hermenéutica honesta y una obediencia sincera. Estoy cansado de escuchar a predicadores gritar, “si no lo encontramos en la Biblia, entonces no lo creemos ni lo hacemos.” La Escritura no apoyará ningún conjunto de cosas que sean 'no cuestionables' en las iglesias, pero los pastores y aquellos sentados en las bancas se enfurecerán si sus vacas sagradas son desafiadas. 

 

Estoy sometiendo mi entendimiento de la Escritura al cuerpo de Cristo. Si tu crees que estoy equivocado, por favor confróntame con la Escritura. Por otro lado, si he articulado cosas que son dignas de una profunda reflexión, entonces por favor dale un seguimiento a las implicancias. ¿Estas dispuesto a crear frutos (de las Escrituras) para justificar el estatus quo, o estas dispuesto a cambiar tu pensamiento y práctica a la luz de la Palabra? 

 

Debajo hay algunos títulos de libros que me han ayudado en las áreas discutidas arriba.

. Campenhausen, Hans von. Autoridad Eclesiástica & Poder Espiritual en la Iglesia de los primeros tres siglos [Ecclesiastical Authority & Spiritual Power in the Church of the First Three Centurias] Universidad de Stanford Press, 1969.

. Davies, J.G. La Iglesia Primitiva Cristiana [The Early Christian Church] Baker, 1981. 

. Goppelt, Leonhard. Tiempos Apostólicos y Post-apostólicos [Apostolic & Post-Apostolic Times] Baker, 1980. 

. Grudem, Wayne. El don de profecía en 1 Corintios [The Gift of Prophecy in 1 Corinthians] Prensa de la Universidad de America, 1982. 

. Hanson, Anthony. El Ministro pionero: La relación de la iglesia y del ministro [The Pioneer Ministry: The Relation of Church & Ministry] Westminster, 1961. 

. Lindsay, Thomas M. La Iglesia y el Ministro en los Primeros Siglos [The Church & the Ministry in the Early Centuries] Publicaciones James Family, 1977. 

. Niebuhr, H. Richard. El Ministro en Perspectivas Históricas [The Ministry in Historical Perspectives] Harper & Row, 1983. 

. Warkentin, Marjorie. Ordenamiento: Una Visión Bíblica Histórica [Ordination: A Biblical-Historical View] Eerdmans, 1982. 

 

-- Jon Zens

Revisado 03/06/03 

Traducido por Patricia Montenegro