Reuniones Interactivas  

Capítulo 3

La primera canción comienza a las 10:30 a.m. Antes de eso, los amigos charlan, comen algo o se encargan de los niños, toman una taza de café en la cocina, se abrazan y saludan unos a otros, etc. La primera canción da pie a que todos se reúnan en la sala para que empiece el tiempo más formal de esta reunión informal. Usualmente se reúnen unas diez familias y dos solteros. Contando con los niños eso es alrededor de cincuenta personas. Algunos llegan tarde. Por lo general hay suficientes sillas para los adultos y los niños se sientan en el piso al lado de sus padres. Durante la reunión los niños más pequeños colorean o juegan en silencio con sus juguetes. La ropa es casual, informal y cómoda.

 

Los músicos (dos tenores banjos, una guitarra y una mandolina) no procuran ser líderes de adoración. Su meta es sencillamente apoyar al grupo de cantantes que entonan tantas canciones como se requieran. Usualmente se dan oraciones espontáneas entre canciones, que algunas veces llevan a largos tiempos de oraciones conversacionales. No hay boletín o un orden establecido en el culto, aunque todo se efectúa de manera ordenada. Solo una persona puede hablar a la vez. La “regla general” es que todo lo que se diga o haga tenga como propósito edificar, animar o fortalecer a toda la iglesia.

 

En algunas ocasiones varios hermanos enseñan. Algunas semanas nadie trae una palabra de instrucción. Claro está que todos aquellos que tienen carga por enseñar se preparan por anticipado, pero raras veces hay alguien oficialmente asignado para hacerlo. Entre las canciones y las enseñanzas se entremezclan testimonios acerca de la provisión de Dios, lecciones aprendidas, oraciones respondidas, eventos resaltantes, etc. Es frecuente tener a un obrero cristiano de visita dando un informe de su ministerio y del mover de Dios en otros lugares.

 

No es un espectáculo o actuación. No hay un moderador o maestro de ceremonias. A menos que haya un problema que resolver, los visitantes ni se dan cuenta de quienes son los líderes. Algunas veces hay momentos de silencio. No hay una hora oficial para acabar la reunión. Con frecuencia dura una hora y media o dos. Generalmente se acaba con una oración, ya sea que alguien haya terminado de cantar o hablar, o que los niños ya no aguanten más o que el hambre sea la motivación. Después, todos se quedan para compartir durante el tiempo que deseen. Usualmente, hay un periodo de transición para la Cena del Señor (dependiendo de cual se de primero esa semana, el culto o el banquete).

 

La reunión de iglesia descrita arriba no es ficción. En todo el mundo se dan reuniones como esa cada “Día del Señor.” ¡En lugares sorprendentes como Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda! Su modelo son las reuniones de iglesia descritas en el Nuevo Testamento. Los creyentes occidentales están tan acostumbrados a tener sus cultos en santuarios especiales de vidrios pintados, con piano, bancas, púlpito y sus coros con directores de alabanza, que asumimos que las Escrituras lo determinan de esa manera. La realidad es que las reuniones de iglesia neo-testamentarias eran completamente diferentes de lo que vemos como algo típico hoy en día.

 

Argumentos que encontramos en las Escrituras para las reuniones interactivas

 

El punto crítico del problema radica en una pregunta que Pablo le hizo a los corintios, “¿Qué concluimos, hermanos? Que cuando se reúnan, cada uno puede tener un himno, una enseñanza, una revelación, un mensaje en lenguas, o una interpretación. Todo esto debe hacerse para la edificación de la iglesia” (1 Cor. 14:26). Si la Biblia usara la palabra “sólo uno” en lugar de “cada uno” el versículo describiría más un culto de adoración moderno. Sin embargo, es claro por el texto que aquellas primeras reuniones de iglesia eran todo menos un espectáculo. Había interacción, espontaneidad y participación. En un sentido, no había audiencia porque cada uno de los hermanos era un ‘miembro de reparto’ en potencia.

 

La naturaleza espontánea e interactiva de sus reuniones también es evidente en las normas referentes a aquellos que hablaban en lenguas: “Si se habla en lenguas, que hablen dos —o cuando mucho tres—, cada uno por turno; y que alguien interprete. Si no hay intérprete, que guarden silencio en la iglesia y cada uno hable para sí mismo y para Dios” (1 Cor. 14:7-28). ¿Se programaba por anticipado a los que hablaban en lenguas extrañas? Ni hablar, considerando la naturaleza sobrenatural del don. Es evidente que las reuniones eran interactivas por el simple hecho que hasta tres personas podían hablar en lenguas y por la necesidad que había de un intérprete presente.

 

En las normas generales vemos un nuevo indicativo dado a los profetas acerca de la naturaleza participativa de sus reuniones (1 Cor. 14:29-32). Primero, se nos dice que “en cuanto a los profetas, que hablen dos o tres, y que los demás examinen con cuidado lo dicho” (14:29). La naturaleza espontánea de su participación aparece en 14:30-31a, “si alguien que está sentado recibe una revelación, el que esté hablando ceda la palabra. Así todos pueden profetizar por turno…” Claramente, algunos de los profetas llegaban a la iglesia “vacíos”, sin haber planeado decir algo, recibiendo una revelación mientras estaban sentados escuchando.

 

Uno de los párrafos más controversiales en el Nuevo Testamento es 1 Cor. 14:33b-35, que trata acerca del silencio de las mujeres en la reunión. No hubiera habido necesidad de escribirlo a menos que las reuniones de la iglesia del primer siglo fueran participativas, sea lo que fuera lo que las mujeres no debían decir. Es obvio en el 14:35 que las personas hacían preguntas durante las reuniones de iglesia: “Si quieren saber algo, que se lo pregunten en casa a sus esposos…”. Aún si lo único que Pablo quiso decir fue que las mujeres no debían ser las que hicieran las preguntas, todavía nos queda el hecho que los hombres eran libres para cuestionar al orador. El punto resaltante es que una reunión de iglesia no se supone que esté basada en la comunicación de un solo lado. Tiene que haber diálogo, interacción, un intercambio dado y recibido entre el orador y la iglesia.

 

Casi toda carta neo-testamentaria es un “documento ocasional,” llamado así porque fue escrito en respuesta a un problema local. Es evidente que algunos en Corinto querían conducir sus reuniones de manera diferente a lo que este pasaje requiere. Claramente, se estaba perdiendo un aspecto de las reuniones de iglesia. Concluimos esto por la naturaleza de las dos preguntas que se les hizo: “¿Acaso la palabra de Dios procedió de ustedes? ¿O son ustedes los únicos que la han recibido?” (1 Cor. 14:36). De hecho, la Palabra de Dios, no se había originado con los corintios, y más aún, no fueron las únicas personas que la recibieron. Así pues estas preguntas estaban designadas para convencerlos de que no tenían ni el derecho ni la autorización para conducir sus reuniones de una manera distinta a la establecida en 1 Cor. 14. La corrección inspirada era para que la iglesia interactuase regulada y ordenadamente, no era una prohibición: “ambicionen el don de profetizar, y no prohíban que se hable en lenguas. Pero todo debe hacerse de una manera apropiada y con orden” (14:39-40). De hecho, tener estas reuniones de iglesia de esta forma interactiva y espontánea es establecido en 1 Cor. 14:37 como un imperativo, “si alguno se cree profeta o espiritual, reconozca que esto que les escribo es mandato del Señor.” Así, 1 Corintios 14 no es una simple descripción de las reuniones de la iglesia primitiva sino que determina la forma como nuestro Señor quiere que sean conducidas las reuniones de toda la iglesia.

 

Realmente no es de sorprender que las reuniones de la iglesia primitiva hayan sido interactivas. Los primeros creyentes en casi todo el imperio romano provenían de un trasfondo judío. Estaban acostumbrados al formato de la típica sinagoga, la cual estaba abierta a la participación de todos los presentes. Un estudio de Hechos 13:14-15, 14:1, 17:1-2, 17:10, 18:4 y 19:8 revela que los apóstoles nunca hubieran podido evangelizar de la manera que lo hicieron a menos que las sinagogas permitieran el aporte de la audiencia. A los apóstoles siempre se les permitió hablar en las reuniones abiertas de la sinagoga. De hecho, si aquellas reuniones de sinagoga del primer siglo hubieran sido como nuestros típicos cultos de adoración en la iglesia occidental del siglo veintiuno, Pablo y sus compañeros hubieran tenido que encontrar otra forma de alcanzar a los judíos con el evangelio.

 

También hay otros indicadores. En Hechos 20:7, descubrimos que Pablo “continuó hablando” (“su discurso”) a la iglesia de Troas hasta la medianoche. El griego para “hablando” es dialegomia lo cual significa “considerar y discutir, argumentar.” La palabra “diálogo” que hoy usamos proviene de esa palabra. Más adelante, el autor de Hebreos ruega a sus lectores “no dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros” (10:25). El “unos a otros” de su instrucción encaja con mayor naturalidad en un escenario interactivo.

 

En 1 Cor. 14 la meta principal establecida en todo lo dicho o cantado en una reunión de iglesia es “para la edificación de la iglesia” (14:26). La palabra griega usada aquí es oikodome, “levantar” (BAGD, p. 559). Thayer señaló en su léxico que en el Cristianismo es la acción de alguien que promueve el crecimiento de otro. Así, cualquier comentario hecho en una reunión de iglesia tiene que estar designado a ayudar a la iglesia. Debe ser calculado para animar, levantar, fortalecer, o edificar a los demás creyentes presentes. Pablo alentó la profecía por encima de la dirección pública en lenguas porque todo aquel que profetizaba en una reunión de iglesia hablaba a los hombres “para edificación, exhortación y consolación” (1 Cor. 14:3) teniendo como resultado que la iglesia fuera “edificada” (14:5). Los corintios fueron instruidos para “procurar abundar en dones para la edificación de la iglesia” (14:12). Este énfasis en la edificación también es visto en Hebreos 10:24-25 donde se les pide a los creyentes que se reúnan con el fin de estimularnos al amor y a las buenas obras y para “animarnos” unos a otros.

 

Se necesita hacer una última observación con respecto a aquellas reuniones de iglesia: su propósito. En las reuniones de hoy en día, se motiva a que las congregaciones adoren por medio de una arquitectura impresionante, grandes coros, fastuosos teclados y oraciones emocionantes. Tales reuniones son llamadas comúnmente “culto de adoración”. Este título sugiere que la razón principal para la reunión es adorar a Dios. Sin embargo, el Nuevo Testamento nunca se refiere a una reunión de iglesia como a un “culto de adoración”. Pablo, en Rom. 12:1-2, si hace mención de un “culto de adoración espiritual” (NVI), pero esto se refiere a una vida de santidad, no a una reunión de los santos.

 

Muchas cosas pueden contribuir a la edificación de la iglesia, incluyendo la adoración colectiva. Sin embargo, la adoración, no es la única actividad que puede edificar. El problema parcialmente radica en llamar “culto de adoración” a la reunión. Primero, las reuniones de iglesia tienen que ser interactivas, no un “culto”. Segundo, tal título sugiere que la adoración es la única actividad apropiada que se puede dar. Otros tipos de edificación son vistos como fuera de lugar. Se guía a las personas para que tengan sentimientos relacionados con la arquitectura de una catedral, las velas, los santuarios silenciosos, los vidrios pintados, la música inspiracional y la presentación de un programa que es, en esencia, una actuación. Con tales expectativas anti-bíblicas, una verdadera reunión bíblica de 1 Cor. 14 parecería extraña, incómoda o desconcertante.

 

Jesús le dijo a la mujer del pozo que “la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre,” (Jn. 4:21-24). Al decir esto, El aclaró que la adoración del nuevo pacto no tiene nada que ver con una ubicación en particular. Va más allá de un domingo a las 11:00 a.m. y no debería estar ubicada en ningún “santuario” de iglesia. Hay dos palabras principales en el NT para “adoración”. La primera es proskuneo y se refiere a una actitud de adoración reverente hacia Dios. Es humildad para con el Padre. Es reverencia, aprecio, temor y asombro. Esta actitud de devoción interna es vista de manera más práctica en la segunda palabra para adoración (latreia), la cual se refiere a un estilo de vida de obediencia y servicio. Es así que adoración es ambas cosas: una actitud y una acción. Como Francis Scout Key lo declaró en un himno: “Ya que las palabras nunca podrán medir, que mi vida muestre alabanza a El.” Es así que aunque nuestra participación en la reunión semanal de iglesia es indiscutiblemente un acto de adoración, también lo es trabajar cada día, castigar a nuestros hijos, amar a nuestras familias, etc. Bajo el nuevo pacto, todo en la vida es santo.

 

La reunión de los domingos es para beneficio de las personas que están presentes. No es Dios quien necesita ser edificado porque El no es débil. El Señor no necesita ser animado porque no está ni cansado ni desanimado. A Jesús no le falta nada, pero a Su pueblo si. El propósito de una reunión de iglesia es equipar al pueblo de Dios para salir a adorar y servir a Dios una semana más (Heb. 10:24-25). Es para motivar a los elegidos a una adoración y obediencia profunda. Es para recargar sus baterías espirituales.

 

Argumentos lógicos para las reuniones interactivas

 

Es un hecho histórico que la iglesia primitiva se reunía en las casas de sus miembros. No se construyeron edificios especiales durante la era neo-testamentaria, ni en los siguientes dos años. Esto significó que necesariamente sus reuniones eran más pequeñas en lugar de más grandes. Es este ambiente más pequeño el que argumenta en contra de la posibilidad de que aquellas reuniones consistieran en un sermón elocuente entregado a una masiva multitud de oyentes silenciosos.

 

Después que el cristianismo pasó a ser la religión oficial del Imperio Romano, los templos paganos fueron convertidos, por decreto gubernamental, en edificios para la iglesia. Los creyentes fueron trasladados de sus reuniones en casas a grandes basílicas. Grandes reuniones como esas no son propicias para las reuniones participativas, así que de manera natural se convierten más en un espectáculo o “culto”. Cualquier enseñanza interactiva forzosamente pasó a ser una presentación monologa, predicación u oración. Las preguntas de la “audiencia” no estaban permitidas. La espontaneidad se había perdido. El aspecto “uno al otro” de la asamblea se hizo imposible. La informalidad dio paso a la formalidad. Los líderes de las iglesias empezaron a usar ropas especiales. Se incluyeron las ayudas para la adoración: el incienso, los íconos, los gestos con las manos, etc. Hoy en día, aún las canciones son escogidas de antemano por los dotados músicos. En esencia, la manera neo-testamentaria fue tirada por la borda a cambio de las ideas propias de hombres.

 

El problema es ¿cuál es el tipo de reunión de iglesia que cubre mejor las necesidades del pueblo de Dios? Ciertamente lo mejor viene de la proclamación semanal de la Palabra de Dios por aquellos líderes de iglesia que han pasado a ser conocidos como “predicadores.” El canto inspiracional y de adoración de los grandes himnos de la fe también es de provecho. Sin embargo, se supone que debe haber algo más en una reunión de iglesia que simplemente “asistir” a “un culto.” Permitir que cualquiera de los hermanos participe oralmente en la reunión también permite una mayor obra del Espíritu ya que se empiezan a ejercitar diversos dones ministeriales. No dejar que funcionen produce atrofia y aún apatía. Dios puede dar la carga a algunos hermanos, por separado, de llevar una enseñanza. Y el aprendizaje aumenta cuando se hacen preguntas al orador. Todo el cuerpo a una puede ofrecer aplicaciones e ilustraciones adicionales a una palabra de instrucción. Desde la presentación, las falsas doctrinas pueden ser juzgadas y expuestas públicamente. Cuando se ve a los creyentes maduros razonando juntos e interactuando unos con otros, los nuevos creyentes aprenden a pensar bíblicamente y con la mente de Cristo. La madurez aumenta rápidamente. Los hermanos empiezan a “apropiarse” de la reunión, asumiendo la responsabilidad por lo que pasa, y se involucran activamente.

 

Testimonio de eruditos acerca de las reuniones interactivas

 

Los investigadores concuerdan que aquellas reuniones de la iglesia neo-testamentaria eran completamente abiertas y participativas sin que hubiera alguien dirigiendo desde el frente. De hecho, Dr. Henry R Sefton, en el Manual de la Biblia – La Historia del Cristianismo [A Lion Handbook – The History of Christianity] declaró, “la adoración en la casa-iglesia pudo haber sido de tipo íntimo en el cual todos los presentes tenían una parte activa… (esto) pasó de ser ‘una acción colectiva de toda la iglesia’ a ‘un culto guiado por el clérigo en el cual los laicos escuchaban’” (p. 51).

 

El Dr. John Drane, en Presentando el Nuevo Testamento [Introducing the New Testament] escribió que, “en los primeros días… su adoración era espontánea. Esto parece haber sido considerado lo ideal, ya que cuando Pablo detalla la manera como una reunión de iglesia debe darse señala una participación guiada por el Espíritu de muchos, si es que no de todos… Estaba el hecho de que cualquiera tenía la libertad de participar en tal adoración. La situación ideal si alguien era inspirado por el Espíritu Santo, era la expresión perfecta de la libertad cristiana” (p. 42).

 

A. M. Renwick, al escribir La Historia de la Iglesia [The Story of the Church] dice que, “la esencia real de la organización de la iglesia y de la vida y adoración cristiana… era la simplicidad… su adoración era libre y espontánea bajo la guía del Espíritu Santo, y todavía no se había convertido en inflexible debido al uso de manuales de devoción” (p. 22-23).

 

Consideraciones prácticas

 

Un aspecto de las reuniones neo-testamentarias que aún es familiar hoy en día es el canto. La iglesia en Efeso fue instruida así “anímense unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales. Canten y alaben al Señor con el corazón” (Ef. 5:19). De manera similar, los colosenses eran exhortados “la palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (Col. 3:16). Quizás no es tan familiar para los creyentes modernos el “unos a otros” (Ef. 5:19; Col. 3:16) de la música. De acuerdo con 1 Cor. 14:26, “cada uno” de los hermanos tenía la oportunidad de traer un “himno.” No hay mención en ninguna parte del Nuevo Testamento de un ministro de música o líder de alabanza dominando, liderando o controlando el canto. Es una bendición tener músicos dotados que pueden ayudar a la iglesia en la alabanza y el canto en una congregación. Sin embargo, para estar de acuerdo con el modelo neo-testamentario, aquella persona debe tener cuidado de no realizar un monólogo, ni actuar como cantante en el escenario. Los hermanos de la iglesia deben tener la libertad y asumir la responsabilidad de pedir las canciones que quieren que sean cantadas y determinar cuando deben serlo.

 

En nota relacionada, algunas personas se oponen firmemente al uso de instrumentos musicales en las reuniones de iglesia. La palabra griega para “himno” (1 Cor. 14:26) se traduce como salmos, lo que básicamente significa, “canciones acompañadas por un instrumento de cuerda.” Siendo que los instrumentos no están prohibidos y no hay un patrón que prohíba de manera específica su uso, sentimos que es un problema de libertad.

 

Otra característica de las reuniones de la iglesia primitiva que aún se da hoy en día es la enseñanza de la Palabra de Dios. Nuestro Señor instruyó a los apóstoles a bautizar a todas las naciones, “enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes” (Mt. 28:20). De acuerdo con esto, aprendemos en Hechos 2:42 que la iglesia de Jerusalén “se mantenía firme en la enseñanza de los apóstoles.” Más adelante, la “enseñanza” es considerada como un don espiritual en Rom. 12:7 y 1 Cor. 12:28. Y uno de los requisitos para un anciano es que sea “capaz de enseñar” (1 Tim. 3:2). Los ancianos que trabajan mucho en la “enseñanza” (1 Tim. 5:17-18) son dignos de “doble honor” (apoyo económico). Sin embargo, en 1 Cor. 14, la enseñanza es colocada junto a las demás actividades de una manera casi caballerosa. El maestro no tiene la importancia que uno ve hoy en día en las típicas actividades de las reuniones de iglesia. “Cada uno” de los “hermanos” debía tener la oportunidad de contribuir con una “palabra de instrucción” (14:26). Lo que esto nos demanda hoy en día es, primero una apreciación de la importancia del ministerio de enseñanza, permitiendo que cualquier hermano tenga la oportunidad de enseñar si lo desea. De forma práctica, indica que cada enseñanza debe ser más corta en lugar de más larga con el fin de dar un “tiempo libre” para aquellos que también deseen enseñar.

 

Sorprendentemente, los pastores ni siquiera son mencionados en 1 Cor. 14. Esto se puede deber a que los pastores no dominaban con sus enseñanzas este tipo de reuniones. Lo cual no significa que los ancianos no enseñaban en las reuniones, sino que en 1 Cor. 14 los que no eran ancianos también tenían la oportunidad de hacerlo. Es así que el autor de Hebreos hace la declaración general “debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo” (He. 5:12). Y es evidente por su saludo que no tenía a los líderes en mente (“saludad a todos vuestros pastores,” 13:24), revelando que ¡ni siquiera esperaba que fueran los pastores quienes leyeran la carta! De cualquier forma, que exista la posibilidad de que alguien enseñe, no necesariamente quiere decir que debe enseñar. Los ancianos deben recordarle a la iglesia la advertencia hecha “no pretendan muchos de ustedes ser maestros, pues, como saben, seremos juzgados con más severidad” (Stgo. 3:1). La advertencia de Santiago tiene sentido en el contexto de las íntimas reuniones interactivas que caracterizaban a la iglesia primitiva.

 

Es en esta libertad cuando los ancianos son más necesarios. Si un hermano trae una enseñanza o aplicación erróneas, es deber de los ancianos señalar el error. A Timoteo, un obrero apostólico trabajando temporalmente en Efeso, se le pidió que “ordenara a algunos supuestos maestros que dejen de enseñar doctrinas falsas” (1 Tim. 1:3). Un requisito para un anciano es que “debe apegarse a la palabra fiel, según la enseñanza que recibió, de modo que también pueda exhortar a otros con la sana doctrina y refutar a los que se opongan” (Tito 1:9). A Tito le fue dicho “exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie” (Tito 2:15). Es por esto que el anciano Juan previene acerca de un conocido engañador: “no lo lleves a tu casa.” Esto es aplicable de manera específica a las reuniones participativas de las iglesias en casa.

 

Nadie argumentaría el hecho de que algunos hermanos están más calificados para enseñar que otros. Un anciano temeroso de Dios, con el don para enseñar, que ama al Señor y ha estudiado la Biblia y servido a las personas toda su vida, va a poder compartir ideas profundas con la iglesia. En la presencia de tales hombres debemos estar “prontos para oír, tardos para hablar” (Stgo. 1:19). Se deben separar tiempos especiales para que aquellos hombres tengan la oportunidad de exponer la Palabra de Dios. Sin embargo, tales reuniones son lo que Watchman Nee llama “reuniones de obreros” o “reuniones apostólicas”, y no las reuniones de iglesia de 1 Cor. 14. El asunto es que hay un lugar y un tiempo para ambas.

 

Las iglesias carismáticas están muy familiarizadas con las revelaciones, las lenguas y las interpretaciones. Las iglesias que practican tales dones deben asegurarse de seguir de cerca los lineamientos de 1 Cor. 14:26-32. No se deben permitir las lenguas no-interpretadas. Tiene que haber un límite en el número de personas que hablan en lenguas. Solo debe hablar una persona a la vez. Las profecías deben ser examinadas, y todo aquel que desea profetizar debe saber anticipadamente que sus palabras serán cuidadosamente evaluadas. Es indudable que mucho de lo que se dice ser profecía o lengua es falso. Usualmente, hay personas muy emocionales que imaginan tener tales dones y lidiar con ellos puede ser desastroso y frustrante. Es por esto que se les dijo a los tesalonicenses, “no desprecien las profecías, sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno, eviten toda clase de mal” (1 Tes. 5:20-22). Y, en medio de todas estas expresiones sobrenaturales, debe haber orden: “y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (1 Cor. 14:32-33). Los líderes juegan un papel importante para lograr que todo lo que sucede en la reunión sea hecho “de manera apropiada y con orden” (1 Cor. 14:40).

 

Otras iglesias creen que los dones carismáticos desaparecieron en el primer siglo, o que en el presente no tienen a alguien tan dotado. Pero aún así, permanece el principio de las reuniones participativas. Los hermanos deben ser libres de, espontáneamente, traer enseñanzas, de pedir o presentar canciones, de compartir testimonios, de ofrecer sus oraciones, de cuestionar a los oradores, etc. A pesar de nuestros recelos teológicos de que debe haber una pausa para leer las Escrituras, claramente se instruye, “no impidáis el hablar lenguas” (14:39). Quizás las lenguas han cesado o quizás no. ¿Pero, estamos tan seguros de nuestra teología que estamos dispuestos a directamente contradecir un mandato bíblico?

 

Otra consideración práctica con respecto a las reuniones participativas tiene que ver con la idea de tener un moderador o maestro de ceremonias. Notemos que en 1 Cor. 14 ninguno ellos es mencionado. Mientras más madura sea una iglesia en su experiencia con reuniones interactivas, la necesidad de que alguien modere disminuirá. Lo ideal es que el visitante de una iglesia que funciona apropiadamente nunca sepa quienes son sus líderes a menos que hubiese un problema que necesite ser corregido.

 

En 1 Cor. 14:38, el inspirado autor lanzó “un tiro de advertencia”. Después de declarar que estas reuniones interactivas hechas en orden eran un “mandato del Señor” (14:37) advirtió que cualquiera que no tuviera en cuenta lo que estaba escrito sería “ignorado.” Aunque no es muy claro lo que exactamente quiso decir, había un tipo de penalidad. Un precio que sería pagado por no tener en cuenta el “mandato del Señor” para las reuniones de iglesia.

 

Los autores de este libro tienen en conjunto, muchos años de experiencia práctica con reuniones participativas. Hemos observado que se pueden esperar algunos problemas típicos. A continuación los detallamos con la esperanza de que ¡estar advertidos por adelantado es estar armados por adelantado!

 

Creyentes de banca. Después de años muchos creyentes en la iglesia están limitados a sentarse en silencio como si estuvieran mirando TV y superar esto toma tiempo. En un primer momento, a las personas les va a parecer que las participaciones significativas son incómodas. Puede que sea necesario animarlos constantemente durante la semana hasta que “rompan la barrera del sonido.” ¿Habrá algún testimonio que el Señor quiera que compartan? ¿Alguna canción que edifique a la iglesia? ¿Algún tema o pasaje para enseñar de la Biblia? Si extendiéramos una cuerda que atravesara la corriente al nivel del agua, muchas cosas se pegarían a ella durante el día, cosas que de otra manera hubieran pasado de largo, flotando. Similarmente, pensar durante la semana en lo que podemos traer a la reunión ayuda mucho. Si nadie trajera comida a la cena Ágape, no habría cena. Así también, si nadie viene a la reunión preparado para contribuir, ¡no habría tales reuniones! Hombres, ¿sus esposas pasan más tiempo (cocinando para la cena Ágape) que ustedes (considerando algo para compartir en las reuniones)?

 

Comentarios que no edifican. Algunas veces después que ya se han acostumbrado a hablar, pueden volverse un poco informales. La charla abunda. El hecho que sea una reunión “abierta” no significa que las personas pueden decir lo que quieran. Los líderes tienen que recordarle a la iglesia que cualquier cosa que se diga en la reunión debe estar diseñada para edificar el cuerpo, para animar a los demás. Como dijo Pedro, “el que habla, hágalo como quien expresa las palabras mismas de Dios” (1 Pe. 4:11). Las reuniones de iglesia tampoco deben ser sesiones terapéuticas para los heridos, enfocadas únicamente en una persona y en sus necesidades. Aunque tales personas si necesitan de consejería, esta por lo general se debe dar en un momento determinado y no en una reunión colectiva (lo mismo que en 1 Cor. 14:4)

 

Ignorancia colectiva. Esto es lo opuesto de traer una enseñanza. Es un tipo de anti-enseñanza. En vez de prepararse y estudiar un tema para enseñar, algunas personas vendrán a la reunión sin preparación alguna y sencillamente lanzarán su pregunta delante de la iglesia esperando una respuesta. Desalienta a las personas para que no hagan aquellas preguntas en la iglesia producto de su ignorancia. Talvez solo edifica a la persona que hace la pregunta pero no está diseñada para edificar a la iglesia porque está demasiado orientada en “mí.” Es hecha para suplir una necesidad personal. Y ya que no hay forma que alguien haya estudiado el tema recientemente, la tentación será responder a la pregunta y es allí donde lo más probable es que abunde la ignorancia colectiva. Sencillamente no existe sustituto para un estudio cuidadoso, profundo y sistemático de la Biblia realizado en privado y antes de la reunión, ni excusa para no realizarlo.

 

Reuniones muy programadas. Aquellos que están acostumbrados a los boletines de iglesia querrán arreglar la enseñanza, la música, etc. ¡Cuidado con apagar el Espíritu! Vemos que en 1 Cor. 14 las reuniones neo-testamentarias de iglesia eran por lo general espontáneas.

 

Visitantes perjudiciales. Invitados desinformados pueden fácilmente apropiarse de una reunión con comentarios que no edifican. Los egocéntricos tratarán de controlar. Los mentalmente inestables hablarán fuerte y con frecuencia, para desilusión de la iglesia. Las críticas en la reunión pueden atacar lo que esta hace o cree. En tales casos, los líderes necesitan restauran el orden con sabiduría y paciencia. Los visitantes deben ser orientados hacia las normas divinas de 1 Cor. 14 por anticipado. ¡Una onza de prevención vale mucho! (Al final vea el ejemplo de la carta del visitante). Puede ser apropiado invitar a los críticos a expresar sus opiniones después de acabada la reunión, durante el tiempo de comunión de la Cena del Señor o en un estudio a mitad de semana preparado con ese propósito.

 

Control de población. En las reuniones interactivas, si estas son demasiado largas o demasiado cortas, están creando sus propios obstáculos. Si hay muy pocas personas en la reunión eso puede parecer soso y demasiadas personas presentes intimidarán a los tímidos y no permitirán que se comparta abiertamente.

 

Líderes de alabanza. Los músicos están para facilitar el canto y la adoración en la iglesia, no para controlarla. Ten cuidado con los líderes de alabanza que quieran controlar la reunión convirtiéndola en un espectáculo.

 

Puntualidad. Por lo general, las iglesias que están basadas en las relaciones personales tienen problemas empezando tarde. Si se anuncia que una reunión empezará a cierta hora, los líderes tienen que asegurarse que empiece a esa hora. Es una asunto de respeto y de valorar el tiempo de los demás. Llegar a tiempo también muestra respecto. Llegar siempre tarde a una reunión es usualmente una señal de agresión pasiva. Por último, es de mala educación y desconsiderado.

 

Maestro de ceremonias. Algunos líderes intentarán dirigir las reuniones, como si fueran anfitriones de un programa de televisión. Talvez ese tipo de dirección sea necesaria en los comienzos de una iglesia, pero en su madurez ya no lo es. Además, no hay nada malo con el silencio ocasional. Confía en el Espíritu Santo para guiar la reunión. Lo ideal, de acuerdo con una reunión de 1 Cor. 14, es que un visitante no pueda determinar quienes son los líderes en la iglesia. Los líderes ¡deben estar mezclados en la reunión! a menos que haya un problema. Debemos admitir que la falta de participación del cuerpo puede ser un problema, pero es allí donde los líderes, por medio de su guía, necesitan animar a que aporten.

 

Niños. Tal parece que los patrones neo-testamentarios establecen que los niños estén presentes en la reunión junto a sus padres. Pablo pretendía que algunas de sus cartas fueran leídas en voz alta a toda la iglesia (Col. 4:16). Basándonos en Efesios 6:1-3, los niños estaban presentes en las reuniones neo-testamentarias de la iglesia, no eran enviados a otro lugar, de lo contrario no hubieran estado para escuchar las instrucciones de Pablo hacia ellos cuando se leyera la carta (Vea también Mt. 19:13-15, Lc. 2:41-50, Hch. 21:5) Sin embargo, los niños pequeños que empiezan a llorar fuerte en la reunión necesitan ser sacados por los padres hasta que se tranquilicen. A los niños mayores se les debe enseñar a sentarse quietos o jugar en el piso silenciosamente, para no interrumpir la reunión. Algunos padres no serán conscientes de esta necesidad y en tales casos los líderes deben hablar con ellos en privado para pedirles que cooperen controlando a sus hijos.

 

Falsas expectativas. Las personas siempre vendrán a una reunión de 1 Cor. 14 con ideas preconcebidas de lo que debe ser una reunión. Por ejemplo, algunos querrán un culto de adoración movido, o cantar únicamente los grandes himnos de fe, o asociarán las canciones de alabanza únicamente con la adoración profunda, o esperarán que se den sanidades dramáticas, o una poderosa lectura de la Biblia o presentaciones emocionales del evangelio. El no darse cuenta de estas expectativas dará como resultado el desánimo y descontento. Los líderes de la iglesia necesitan entender esto y dar pasos que ayuden a las personas a tener expectativas bíblicas de la reunión, tener las mismas metas que tiene nuestro Señor.

 

Objeciones

 

Algunos supervisores expresan rotundamente sus objeciones acerca de este tipo de reuniones de iglesia. Tienen buenas razones para temer a que se den lugar el caos y la anarquía. De todas formas se debe recordar que aunque hay orden en un cementerio, no hay vida. ¡Es mejor tener vida y arriesgarse a tener un poquito de desorden! Uno de los roles de los líderes es mantener el orden. También son responsables de enseñar a los santos de tal manera que estén equipados para contribuir de manera significativa en las reuniones y _evalúen por sí mismos el error. Más allá de esto, debemos confiar que el Espíritu Santo obrará en la vida de una iglesia. Si la Biblia efectivamente nos revela el deseo que tiene Dios de reuniones participativas, entonces El también se encargará de que las reuniones se lleven a cabo con éxito.

 

Lo cierto es que algunos pastores se opondrán a las normas de 1 Cor. 14 precisamente porque anunciarlas dará como resultado una falta de enfoque en el pastor. Es triste ver que un pequeño porcentaje de pastores son egocéntricos y necesitan convertirse en la “estrella” del culto para ser afirmados. Esto es algo que se debe superar y debe haber arrepentimiento.

 

Una dificultad en el cumplimiento de los mandatos de 1 Cor. 14 también se puede dar cuando los creyentes se intoxican con su recientemente hallada libertad y ésta se vuelve en anarquía o gnosticismo. Se vuelven demasiado desconfiados de las “agendas.” Para ellos, todo aquel que tenga habilidades para el liderazgo es de alguna manera o de carácter fuerte o malo. Sin embargo, es obvio que Pablo tenía una “agenda” de las iglesias a las cuales ministraba. El equilibrio es la clave que hay que considerar. Necesitamos estar en la agenda del Señor para ayudar a que Su iglesia cumpla ¡con todo lo que El ha ordenado!

 

Son muchas las personas que han leído 1 Cor 14 y piensan que sus iglesias cumplen en todo con esto porque la congregación participa a través de lecturas, siendo parte del pan y del vino en la Cena del Señor, cantando himnos, diezmando y ofrendando, etc. Parte del problema es que todo esto es planeado, cada semana la estructura es la misma, y todo el orden de la adoración está escrito en el boletín. Puede ser que haya una participación limitada de la audiencia pero no hay verdadera libertad. ¿Alguno de los hermanos tiene la libertad de escoger un himno? ¿Traer una enseñanza? ¿Levantar su mano para hacer una pregunta? ¿Hay espontaneidad?

 

Conclusión: Afirmaciones y Negaciones

 

¿Cuáles son las conclusiones a las que podemos llegar con respecto a la forma en que Dios desea que las reuniones de iglesia sean dirigidas semanalmente, en el Día del Señor?

 

Afirmamos que:

 

1. La reunión debe ser espontánea y participativa

 

2. Todo lo dicho o hecho debe estar diseñado para fortalecer (edificar) a toda la iglesia.

 

3. Únicamente una persona a la vez puede dirigir la reunión.

 

4. Todo debe ser hecho decentemente y en orden.

 

5. Uno de los roles del líder es mantener todo “en su lugar” cumpliendo con la directiva primordial de que todas las cosas deben ser hechas con el propósito de edificar.

 

6. Este tipo de reunión interactiva no es una opción, no es tan solo una historia interesante o información pintoresca. Estas reuniones son el “mandato del Señor” (1 Cor. 14:37).

 

Negamos que:

 

1. La iglesia neo-testamentaria realizara “cultos de adoración.”

 

2. Las grandes reuniones de cristianos que se reúnen para adorar semanalmente sea un patrón neo-testamentario.

 

3. Las reuniones de iglesia necesitan ser dirigidas desde el frente por un líder de alabanza.

 

4. Los boletines sean necesarios ni aún un poco beneficiosos para las reuniones de iglesia.

 

5. Solo una persona puede enseñar en la reunión.

 

6. Los maestros deben ser programados por anticipado.

 

7. El ritual y la ceremonia fueran parte de las reuniones de la iglesia neo-testamentaria.

 

8. Las ayudas especiales para la adoración, tales como el incienso, los ritos especiales, los íconos, las estatuas, los vidrios pintados o los edificios tipo catedral sean importantes.

 

9. Las actuaciones de tipo espectáculo sean sustitutos legítimos de lo señalado en el NT.

— Steve Atkerson

Revisado 08/03

Traducido por Patricia Montenegro

Una carta para los visitantes

 

“Nos sentimos honrados de que haya expresado interés en visitar una de nuestras reuniones de iglesia. Para nuestra práctica de iglesia hemos realizado un esfuerzo denodado a fin de hallar y seguir las tradiciones de los primeros apóstoles. Es por esto que aunque en un sentido somos bastante “tradicionales”, lo que hacemos no es convencional de acuerdo con los estándares contemporáneos. En todo caso, lo que sigue les dará una idea clara de lo que pueden esperar. Esperamos que se sienta cómodo y animado cada vez que se reúna con nosotros.

 

Nuestra primera iglesia ha crecido para formar dos iglesias. Aunque son interdependientes, cada una es autónoma. Una se reúne en las mañanas y la otra en las tardes, ambas en el mismo lugar. Para instrucciones de su ubicación, por favor llame a:

 

Iglesia en la mañana:

 

John & Violet Calvin 770-493-1234

 

Charles & Daisy Spurgeon 770-938-1234

 

Iglesia en la tarde:

 

Jonathan & Marigold Edwards 770-908-1234

 

George & Rose Whitfield 770-455-1234

 

Siguiendo con el patrón neo-testamentario, cada iglesia se reúne regularmente el primer día de cada semana. Esto es conocido en la Biblia como el Día del Señor, el día en el que Jesús conquistó la muerte y resucitó de su tumba. De cualquier manera, no lo vemos como un tipo de día sabático. De acuerdo con el Nuevo Pacto cada día es un día santo (Heb. 4, Col. 2:16 - 17, Gal. 4:8-11).

 

Las puertas de la casa del anfitrión se abren o a las 10 a.m. (para nuestra iglesia en la mañana) o a las 4 a.m. (para nuestra iglesia en la tarde) y el canto empieza puntualmente media hora después. Hay un periodo de 30 minutos de tolerancia para que lleguen las personas, se acomoden, compartan, tomen café, etc. Por favor, traten de estacionarse en el lado de la calle donde está localizada la casa. Esto ayudará para que no parezca que estamos invadiendo las calles del vecindario.

 

Nuestra vestimenta es informal y cómoda. Nadie usa corbata. Las mujeres visten desde vestidos muy cómodos a pantalones o shorts decentes. Usualmente los niños terminan jugando afuera después de la reunión por lo tanto usan ropas y zapatos para jugar. Es común que los niños se ensucien.

 

La reunión es espontánea e interactiva ¡sin boletín! (1 Cor. 14:25). Nada es planeado excepto el comienzo de la primera canción (10:30 a.m. ó 4:30 p.m.). Algunas veces cantamos bastante y otras casi nada. En un domingo talvez enseñen tres hermanos, mientras que habrá otras semanas en las cuales nadie enseñará. Algunas veces oramos bastante, algunas otras poco. Todos los hermanos pueden participar verbalmente, pero todo lo que se diga debe estar diseñado para edificar a toda la iglesia (14:26). Una persona a la vez puede dirigirse a la reunión, todo debe ser hecho decentemente y en orden. Todas las enseñanzas y profecías están propensas de ser examinadas y juzgadas públicamente. Es más, no hay un moderador o maestro de ceremonias. De hecho, a menos que haya un problema que corregir, ni siquiera sabrá quiénes son nuestros líderes (tenemos dos).

 

Las mentes inquisitivas querrán saber más acerca de lo que creemos con respecto a las doctrinas de la gracia, la teología del nuevo pacto (www.ids.org), la inerrancia bíblica y las declaraciones de Danver acerca de la hombría y feminidad bíblicas (www.cbmw.org). Puedes encontrar más acerca de las iglesias bíblicas en casas en www.ntrf.org.

 

Los niños se quedan con nosotros en la reunión, aunque si uno de los más pequeños hace mucho ruido sus padres lo sacarán hasta que se calme. Si tiene hijos pequeños tal vez sea una buena idea traer algo que los mantenga felices, como papeles, colores o juguetes que no hagan ruido. Los niños generalmente se sientan en el suelo junto a sus padres. Creemos que es trabajo de los padres enseñarles a sus hijos acerca de Jesús, y no de la iglesia. Es por esto que no tenemos ni Escuela Dominical ni iglesia para niños.

 

En las reuniones de 1 Cor. 14 las mujeres no hablan en voz alta ni oran en público (sabemos que esto es difícil de creer, pero échenle una mirada a 1 Cor. 14:33-35 y verán de donde proviene). Como contraste, las hermanas hablan bastante durante la comunión de la Cena del Señor.

 

La Cena del Señor es una parte integral de nuestra reunión y empieza alrededor del mediodía. De hecho es la razón principal por la cual nos reunimos cada semana. La comemos como una comida completa (1 Cor. 11b). Es al azar porque todos traen algo para compartir con los demás. Creemos que debe ser una comida completa que represente el banquete de bodas del Cordero. Es un tiempo maravilloso de comunión y ánimo, muy parecido a una fiesta de bodas y no a un funeral. En medio de toda la comida notarán la copa (de hecho es una jarra de plástico) y el pan, representando el cuerpo y la sangre de nuestro Señor. Creemos que fue diseñado para recordarle a Jesús Su promesa de volver y participar nuevamente de la cena con Su pueblo. Siéntanse libres de participar del pan y del fruto de la uva mientras se sirven la comida. No hay un tiempo establecido como el final. ¡Puede retirarse cuando haya terminado de comer y/o disfrutado del tiempo de compartir!

 

En resumen, creemos que los patrones evidenciados en el Nuevo Testamento para la vida de iglesia, no son meramente descriptivos sino que han sido establecidos (2 Tes. 2:15, 1 Cor. 11:2). Es por esto que creemos en comunidades del tamaño de hogares, en líderes que dirigen en vez de gobernar las iglesias, en el ministerio de los obreros itinerantes, en las reuniones interactivas y que la Cena del Señor y la Fiesta Ágape son sinónimo de eventos semanales. Tal vez le ayude leer 1 Cor. 11:17-34 y 1 Cor. 14:26-40 antes de venir.

 

Para nosotros, la verdadera “vida” de iglesia ocurre cada día, al vernos unos a otros durante la semana, toda la semana. Para facilitar esto, priorizamos en el hecho de vivir tan cerca como podamos unos de otros. El núcleo central del grupo vive en el mismo vecindario. Las actividades de la Cena del Señor descritas arriba son solo la cobertura del queque. Y hacer una evaluación nuestra basándose en lo que observa en una reunión dominical ¡sería un análisis incompleto!

 

Nuestras iglesias estás comprometidas a reunirse y vivir en un entendimiento de lo que la iglesia neo-testamentaria nos dejó como patrón, de manera tan sencilla como sea posible. Sabemos que aún no lo hemos entendido todo. ¡Somos una obra en proceso! Tendemos a tomar un problema a la vez e intentamos llegar a un consenso bíblico antes de seguir avanzando. Todos cuentan y nadie es descalificado o desautorizado. Esto significa que algunas veces nos movemos lentamente, pero con un alto nivel de paz y unidad. Por esto hemos sido bendecidos y estamos agradecidos.

 

“¡Nos vemos en el Día del Señor”! 

 

Stephen E. Atkerson      WWW.NTRF.ORG

 

Atlanta, Georgia, USA