Tradiciones en la Iglesia
Capítulo 19
Es increíble darse cuenta, aunque no sea un hecho sencillo, que el conflicto de Jesús con Israel, y en particular con los líderes religiosos de Israel, no era con respecto a la Ley Mosaica. Jesús mantuvo el Antiguo Pacto al pie de la letra. Además de aquel incidente vergonzoso de la mujer hallada en adulterio, cuyo propósito era confundirlo, aquellos que buscaban contender con El lo hicieron por otros motivos. Lo que los enojaba tanto no era que El fuese en contra de lo establecido en el Antiguo Testamento (lo cual evidentemente no hizo) sino que desafiara y rompiera con lo que ellos llamaban la tradición de los ancianos. Es así que leemos en el evangelio de Marcos, “Los fariseos y algunos de los maestros de la ley que habían llegado de Jerusalén se reunieron alrededor de Jesús, y vieron a algunos de sus discípulos que comían con manos impuras, es decir, sin habérselas lavado. (En efecto, los fariseos y los demás judíos no comen nada sin primero cumplir con el rito de lavarse las manos, ya que están aferrados a la tradición de los ancianos. Al regresar del mercado, no comen nada antes de lavarse. Y siguen otras muchas tradiciones, tales como el rito de lavar copas, jarras y bandejas de cobre.) Así que los fariseos y los maestros de la ley le preguntaron a Jesús: ¿Por qué no siguen tus discípulos la tradición de los ancianos, en vez de comer con manos impuras?” (Mr. 7.1-5). Exactamente, ¿qué es lo que estaba pasando aquí? La verdad es que aunque Israel consideraba las escrituras del Antiguo Testamento como su autoridad final tanto en fe como en práctica, la realidad era algo distinta. De hecho, los judíos le hacían más caso al sistema de enseñanza y práctica conocido como la tradición de los ancianos, o la Ley Oral.
El Judaísmo Farisaico enseñaba que cuando Moisés estuvo en el Monte Sinaí, Dios le dio no uno sino dos juegos de leyes; la ley escrita o Ley Mosaica que se encuentra registrada en las páginas del Antiguo Testamento, y también una segunda ley secreta que fue trasmitida solo oralmente a través de las generaciones, y que salió a la luz en los años previos al tiempo de Jesús. Queda claro que, cuando más adelante se dio el conflicto inevitable entre lo que estas dos leyes enseñaban, Israel tuvo que decidir cuál era su autoridad final. Después de todo, puede que digas que tienes dos cosas que consideras de igual manera como tu autoridad final, el Antiguo Testamento y la Ley Oral, pero realmente solo tienes una, y es aquella a la cual obedeces en el momento en que emergen contradicciones entre ambas. De manera increíble, Israel se decidió por la Ley Oral, la tradición de los ancianos, relegando a un Segundo plano la Ley Mosaica, y sus escritos del Antiguo Testamento. De hecho, los fariseos enseñaron sin ningún remordimiento, que era mucho más condenable el actuar en contra de la tradición de los ancianos, que de las escrituras del Antiguo Testamento.
Por lo tanto, lo que debemos entender es que, en el tiempo de Jesús, la nación de Israel vivía bajo la autoridad de un sistema de enseñanzas y prácticas, que de muchas diversas maneras iban completamente en contra de las enseñanzas y de las prácticas establecidas en el Antiguo Testamento: y así lo hicieron diciendo que Dios los había guiado a hacerlo aduciendo que esta Ley Oral había sido dada a Moisés por El mismo. Un sistema de enseñanzas y prácticas originadas humanamente, hechas en su totalidad por mano de hombre, había usurpado y reemplazado la verdad de la palabra escrita de Dios, con la excusa de que aquellas tradiciones y enseñanzas habían sido dadas por el mismo Señor Dios de Israel, aún cuando contradecían las escrituras del Antiguo Testamento. No obstante, si nos preguntamos que es lo que el Señor Dios de Israel enseñó acerca de esta Ley Oral, supuestamente inspirada, entonces todo lo que tenemos que hacer es ver las respuestas de Jesús al respecto. El les decía, “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres” (Mr. 7.6-8).
¡Hipocresía! Ese fue el veredicto claro y firme del Señor con respecto a las tradiciones que causaron que Su pueblo fuese en contra de las enseñanzas inspiradas qué fueron reveladas en la Palabra de Dios. Aferrarse a la práctica meramente humana, cualquiera que esta sea, y oponerse a la práctica bíblica es, de acuerdo con el Señor Jesucristo, “dejar el mandamiento de Dios.” Creo que estarán de acuerdo en que este es un asunto serio, y puedo imaginarme el tipo de respuestas de mis lectores: “¡Amén hermano! ¡Que terrible lo que hizo Israel!” “Imagínense: Israel contrariando la Ley Mosaica a favor de sus propias prácticas y enseñanzas dadas por hombre. ¡Por eso los juzgó Dios!” “¿Qué? ¿Abandonar los mandamientos de Dios para aferrarse a la tradición meramente humana? ¡Impensable!” Pero debo decirles que, por casi 2 milenios, los cristianos hemos estado haciendo exactamente lo mismo.
Es increíble darnos cuenta, y va más allá de las palabras, que cuando se trata de nuestra experiencia de vida de iglesia, con lo cual quiero decir tradiciones, o prácticas establecidas que la mayoría de cristianos sigue sin cuestionar, casi todo está basado en un sistema de enseñanzas y prácticas que nada tiene que ver con la Palabra de Dios, tal como sucedía con Israel y la tradición de los ancianos. Lejos de haber sido reveladas en las páginas del Nuevo Testamento, se originaron y fueron implementadas por hombres que entraron a escena después que los apóstoles de Jesús murieran, y por lo tanto, después que el Nuevo Testamento se completara.
Lo que debemos entender aquí, es que estas tradiciones no son únicamente diferentes de lo que vemos en las Escrituras, en el sentido de ser simples variaciones, sino que vienen a ser lo enteramente opuesto a lo que vemos en el Nuevo Testamento. Lejos de ser simples progresos, en los que se aplican prácticas bíblicas que solo difieren un poco en circunstancias y condiciones, son prácticas que difieren por completo de lo que es enseñado en el Nuevo Testamento y que virtualmente van en contra de cada aspecto. Son enseñanzas y prácticas que, sin lugar a dudas, causan que aquellos que se adhieren a ellas vayan directa y completamente en contra de lo que vemos revelado en la Palabra de Dios, aquello que Jesús condenó de manera tan abierta y firme.
Ahora voy a hacer algunas observaciones que ningún comentarista bíblico, estudioso o historiador competente desafiaría. Se refieren a la manera en que fueron establecidas y organizadas las iglesias en los tiempos del Nuevo Testamento, de acuerdo con las enseñanzas y las tradiciones transmitidas por los Apóstoles de Jesús, tal como fueron reveladas en sus escritos, el Nuevo Testamento en sí.
Y simplemente voy a describir cómo era cuando un grupo de creyentes se reunía como iglesia, tal como lo revelan las páginas de las Escrituras: y permítanme enfatizar que fueron reveladas tan claramente que, como lo he mencionado ya, ningún estudioso las desafiaría en forma alguna.
Así que retrocedamos en el tiempo hasta mitades del primer siglo para ver que iglesia era como en los tiempos del Nuevo Testamento. Y la primera cosa que debemos decir es que si regresamos al momento en que aquella iglesia en particular se reunía, nos encontraremos, sin temor de equivocarme, yendo a la casa de alguien. Por tanto, los números de personas eran pequeños, tú serías parte de un grupo íntimo de personas que te conocían y a las cuales tú conocías, muy bien. La mejor idea que describiría esta situación sería la de una familia política, y el tenor general de la reunión sería el de una íntima informalidad. Entonces hubieran sucedido dos cosas cuando te reunías con tus hermanos.
Primeramente, aunque esto no implica ningún orden cronológico establecido, hubiera habido un tiempo de compartir en el cual todos eran libres de participar de la manera que sentían que el Señor los estaba guiando. Desde los cantos de adoración a la oración intercesora, desde traer una enseñanza a declarar una profecía, desde compartir una carga a hablar una palabra de conocimiento o sabiduría, todos serían libres de participar. Nadie lideraba la reunión desde el frente: de hecho, como estaban en la sala de alguien, no había ningún frente porque todos se sentaban alrededor de la habitación mirándose las caras en lugar de sentarse en filas contemplando la nuca de alguien más. Todo era libre y espontáneo y no estructurado, según el Espíritu guiaba. La atmósfera era de adoración, de un gozo casual y a la vez reverente.
Segundo, todos los presentes hubieran cenado juntos. De hecho, todos juntos hubieran comido su comida principal del día. Y parte de esta comida hubiera sido el pan y la copa de vino que todos compartían en común, esto le recordaba a una iglesia reunida donde Jesús era el invitado de honor y que, aunque compartían una comida ordinaria, también era una comida especial – la Cena y la Mesa del Señor. Esta comida del pacto de los creyentes individuales reunidos como iglesia hubiera sido el lazo que los unía a todos como la familia de Dios dondequiera que se reunieran.
También hay algo más que hubieras notado, y esto es, que cualquier tipo de liderazgo existente no era algo preponderante y más bien estaba lejos de colocarse al frente, sino más bien ocupaba la parte de atrás. Aún más, cualquier tipo de liderazgo era algo meramente funcional, y de ninguna manera se enseñaba que era una posición de títulos oficiales o algo por el estilo. Lo que es más, hubiera sido plural y cualquier idea de que un hombre quedara a cargo hubiera sido de hecho un pensamiento extraño para los que se reunían. Otra cosa que estos hombres hubieran tenido en común (ya que los líderes de las iglesias del Nuevo Testamento siempre eran hombres) era que todos eran originalmente de la misma iglesia y habían crecido en ellas, hombres de la localidad que todos en la iglesia conocían extremadamente bien. En cuanto a los nombres (no había títulos oficiales), eran llamados indistintamente tanto ancianos, obispos o dirigentes (depende de la versión de la Biblia que leas) y pastores o líderes (nuevamente, dependiendo de la traducción), los cuales son términos sinónimos para el mismo grupo de hombres. Aquellos que tenían otros ministerios diferentes (apóstoles, profetas, maestros, etc.) algunas veces pasaban por allí para ayudar aquí o allá cuando los invitaban, pero a la larga iban de lugar en lugar, y el único liderazgo en la iglesia que permanecía hubiera sido el de éstos hermanos maduros que habían crecido en la iglesia y pertenecían a ella. Ellos se aseguraban de que el formato de las reuniones siempre fuera el de una participación libre y espontánea, y el liderar desde el frente era lo último que querían hacer, por la sencilla razón de que los Apóstoles les habían enseñado que eso era lo último que el Señor quería de ellos.
Y así es como eran las reuniones de iglesia de acuerdo con las enseñanzas y las tradiciones de los Apóstoles reveladas a nosotros en el Nuevo Testamento, sin vacilar. Más aún, y por favor subraye esto en tinta roja, y repetiré lo que anteriormente ya dije, que ningún comentarista bíblico, estudioso o historiador competente cuestionará mi descripción de forma alguna. Simplemente he resaltado lo que ya está allí, como simples hechos, en las páginas del Nuevo Testamento. En las Escrituras encontramos solo una forma descrita acerca de cómo se les enseñó a los creyentes a reunirse como iglesia y llevar a cabo el programa – entonces, ¿cómo hacemos hoy las cosas cuando nos reunimos como iglesia? De hecho, ¿cómo lo han estado haciendo los creyentes durante casi toda la historia de la iglesia? Tal como lo señalé antes, no simplemente hacemos las cosas diferentes, sino que las estamos haciendo ¡totalmente opuestas!
Para comenzar, nos reunimos en grandes edificios públicos. Les pregunto: ¿es esto simplemente una variación de lo que era reunirse en privado en las casas y solo en pequeños números? No, ¡es exactamente lo opuesto!
Segundo, tenemos cultos que son guiados desde el frente (usualmente) por líderes profesionales que reciben una paga, lo cual afirma que no todos somos libres de participar siguiendo la guía del Espíritu y tal como lo enseñan las Escrituras. Díganme, ¿es esto simplemente una variación de una reunión abierta y participativa sin alguien que dirija desde el frente y con la libertad de que todos participen? No, ¡es exactamente lo opuesto!
Tercero, después del culto principal (y acabamos de ver que las iglesias del Nuevo Testamento no tenían nada que se asemejase a los cultos de adoración actuales) le aumentamos una y otra cosa, y un ritual con pan y vino. Nuevamente pregunto, ¿es eso solo una variación del tener la cena todos juntos? No, ¡todo es algo totalmente distinto! Es algo que hubiera sido completamente extraño para los Apóstoles quienes por el contrario, enseñaron a la iglesia a compartir juntos la cena, de hecho, ¡la mismísima Cena del Señor! (La palabra griega empleada en las Escrituras es deipnon, que significa la comida principal del día antes de que anochezca.)
Por último, aunque hay otras cosas que podría haber incluido, pero el espacio no lo permite, ¿cómo hacemos con respecto al liderazgo? ¿Cómo se oponen las cosas en nuestras iglesias a las iglesias de ese entonces? Bueno, de afuera hemos traído el liderazgo jerárquico y posicional en la forma de un individuo con algún tipo de título. Esto significa que usualmente tenemos variaciones en el tema de tener a un hombre a la cabeza, quien virtualmente siempre es un profesional que traemos de afuera y a quien le pagamos. Comparemos esto con varios hermanos que han crecido en la iglesia y que no son profesionales, a los cuales no les pagamos un salario, y luego pregunto: ¿es esto solo una variación de algún tipo? ¿Es solo juguetear con los extremos y mover un poquito las cosas? No, es completamente lo opuesto de la manera en que la iglesia hacía las cosas tal como fueron enseñadas por los Apóstoles de Jesús. (¿Y de dónde sacan esas ideas? ¡Del Señor mismo!).
También debemos darnos cuenta que nada tiene que ver el tipo de iglesia con lo que estamos hablando aquí. Cuando se trata de la práctica de la iglesia, todas las iglesias, ya sea la iglesia Ortodoxa, la Católica o la Presbiteriana, ya sea la Anglicana o la Bautista, ya sea la Pentecostal o la Metodista, o ya sea la Episcopal o la Evangélica Libre, están basadas similarmente en las mismas enseñanzas y tradiciones de hombres que aparecieron después que el canon de las Escrituras se había cerrado, y que enseñaron prácticas que van en contra de la Palabra de Dios revelada. (Todas las iglesias mencionadas están basadas en edificios, con servicios religiosos y rituales de vino y pan, y todas de la misma manera, practican un liderazgo que pasa por alto lo que vemos revelado en las Escrituras.)
Los Padres de la Iglesia Primitiva, tal como la historia ha llamado a los hombres que asumieron el liderazgo de las iglesias cristianas después que los Apóstoles murieran, hicieron mucho bien; pero en las cosas que estamos viendo aquí, erraron tremendamente. Y estoy pidiendo que rechacemos y renunciemos a las enseñanzas y prácticas falsas que ellos introdujeron (aunque no a las cosas buenas y bíblicas), y que también rechacemos la herencia de la vida y experiencia de iglesia totalmente anti-bíblica que como consecuencia nos legaron. Como ya lo he aclarado, nadie que conoce los asuntos bíblicos desafiaría la forma como describo la vida y la práctica de la iglesia del Nuevo Testamento, en contraste con la forma como los Padres cambiaron las cosas; porque lo que yo, y muchos otros, estamos diciendo, es que se equivocaron al enseñarnos lo que ellos pensaban, y nosotros también nos hemos equivocado en continuar con ello a través de los siglos, y allí es donde radica el debate.
Israel desobedeció diversos puntos del Antiguo Testamento debido a su inmenso amor por la completamente errada y anti-bíblica, tradición de los ancianos. La Iglesia Cristiana ha hecho exactamente lo mismo, solo que con la tradición de los Padres del Nuevo Testamento versus la revelación del Nuevo Testamento. En Inglaterra llamamos a eso un doble-hechizo, y es tiempo de hacer las cosas bien. ¿Las tradiciones de lo muerto, o las tradiciones de lo Divino? Querido lector, dejaré que tú ¡decidas solo!
— Beresford Job
Revisado 03/06/03
Traducido por Patricia Montenegro
Para una presentación completamente documentada en cuanto a la tradición de los ancianos judíos y su paralelo con las tradiciones de los padres de la iglesia primitiva, pida las “Tradiciones” [Traditions], serie de casetes, por Beresford Job, en www.ntrf.org. Los estudiantes de Biblia pueden corroborar datos acerca de cómo eran las iglesias en el Nuevo Testamento visitando la página web www.house-church.org de la Comunidad Cristiana Chigwell [Chigwell Christian Fellowship] — Editor
